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¿Sabes cómo gestionan su dinero las grandes fortunas? Aunque no lo creas, ¡tú también lo puedes conseguir!

Si quieres gestionar tus ahorros y tu patrimonio como los profesionales y las grandes fortunas, solo tienes que leer este artículo.

Mucha gente suele pensar que no puede gestionar su patrimonio o sus finanzas como lo hacen las grandes fortunas o los inversores profesionales, pero no es así. Gestionar bien nuestras finanzas personales está al alcance de todos y cada uno de nosotros, tal y como veremos en este artículo.

Las grandes fortunas gestionan su patrimonio como si fueran una empresa y elaboran sus propios estados financieros: balance, cuenta de resultados (pérdidas y ganancias) y movimiento de flujos de caja. Además estas cuentas se confeccionan de manera periódica, normalmente con carácter trimestral y desde luego por lo menos anualmente.

Aunque suene muy complicado, cada uno de nosotros podemos elaborar unos sencillos “estados financieros de andar por casa” que nos ayudarán a mejorar mucho la gestión de nuestras finanzas personales y familiares.

Repasemos un poco de contabilidad: en el balance se recogen los activos (bienes y derechos de nuestra propiedad) como el dinero en cuentas corrientes, depósitos, acciones, bonos, fondos de inversión, fondos de pensiones, negocios en los que participemos, inmuebles, suelos, arte, joyas.

En el pasivo recogemos nuestras deudas: créditos, préstamos, hipotecas, avales, y cualquier deuda que tengamos con terceros. Esto es lo que en términos contables se llama pasivo exigible, ya que es exigible por terceros. 

La diferencia entre nuestro activo y nuestro pasivo exigible es lo que se conoce como Patrimonio Neto (aquello que realmente es de nuestra propiedad) y se ubica en el pasivo del balance, para que lógicamente el activo y el pasivo total, tengan el mismo importe (el balance tiene que cuadrar obligatoriamente). 

A nivel personal o de grupo familiar, deberíamos sacar la “foto” de nuestro balance con cierta periodicidad, al menos 1 vez al año y reflexionar sobre su evolución a lo largo del tiempo. Veremos si cada año va creciendo nuestro patrimonio neto, o si por el contrario nuestra riqueza se va deteriorando con el tiempo. De esta manera, este balance nos servirá de referencia para tomar las decisiones adecuadas en cada momento. 

A imagen y semejanza de un buen director financiero, deberíamos comparar nuestras deudas a corto plazo, con nuestra liquidez a corto plazo (cuentas corrientes y depósitos) para ver cuál es nuestra capacidad de pago, así como nuestro activo frente a nuestras deudas totales. 

Es fundamental que los plazos en los que nos pueden exigir nuestras deudas, estén “cuadrados” en el tiempo con los plazos en los que podemos hacer líquidos los activos con los que vamos a hacer frente a las mismas. 

El siguiente instrumento que deberíamos utilizar es una sencilla cuenta de resultados: ver cuáles han sido nuestros ingresos (sueldo, pensiones, dividendos, rentas por alquiler, etc) y nuestros gastos en un determinado período de tiempo, como mínimo anualmente. De esta manera podremos ver si generamos pérdidas o ganancias y si estamos contribuyendo a aumentar nuestro patrimonio neto o si por el contrario, nos lo estamos “comiendo”.

Otro instrumento muy valioso es revisar el estado de nuestra caja, ver cuáles han sido nuestros cobros y nuestros pagos en un determinado periodo de tiempo, en este caso es recomendable que sea al menos mensualmente.

Un detallado control de la caja es una labor fundamental si queremos presumir de unas finanzas personales o familiares saneadas. 

Deberíamos reflexionar por un momento si nuestro nivel de cobros es adecuado para nuestro nivel de pagos, si estamos gastando el dinero en aquello en lo que realmente queremos gastarlo, si hay algún gasto que es prescindible o cuya cuantía se puede reducir, si estamos ahorrando o no y si podríamos ahorrar más.

En este punto, es bueno marcarse un presupuesto anual de cobros y pagos, marcando un objetivo de ahorro para cada año y seguirlo mensualmente para poder hacer los ajustes necesarios en caso de que nos desviáramos algún mes, cosa que casi con seguridad ocurrirá.

Al igual que las grandes empresas, las finanzas personales y familiares, quiebran o llegan a circunstancias insostenibles por diferentes motivos que siempre tienen en común una mala gestión de la caja

Tenemos que poner toda nuestra atención en tener una caja saneada, ya que sin ello, ponemos en riesgo todo nuestro equilibrio financiero. En el momento que no puedes hacer frente a tus pagos, es cuando te ves obligado a meterte en una espiral de endeudamiento o te ves forzado a vender tus activos a precios inadecuados.

Como hemos comentado en otros artículos, la gestión de las inversiones, sean de una persona o familia o sean de una empresa, es una simple gestión de todos los riesgos que nos pueden llegar a afectar. En particular el riesgo de iliquidez, como consecuencia de una mala gestión de la caja, es el denominador común en todas las situaciones que terminan mal. 

Ninguna empresa se va al traste por su balance, como se dice habitualmente, “el balance lo aguanta todo”, todas ellas se meten en dificultades cuando no hay caja para pagar sus deudas. Lo mismo ocurre con las finanzas personales o familiares.

En conclusión la fórmula del éxito en tus finanzas personales o familiares es muy sencilla y aplica a todo el mundo por igual, sea cual sea tu patrimonio: no te endeudes en exceso, diversifica bien tu patrimonio, lleva un sencillo control de tus finanzas y haz un seguimiento periódico de las mismas, gestiona bien tu caja y ahorra, porque nunca se sabe qué puede pasar.

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