O la creencia en Dios es incondicional o no es creencia en absoluto.
(Viktor Frankl)
Creer o no creer en Dios
El creer en Dios o no creer es una de las grandes cuestiones a las que se enfrenta el ser humano desde que habitamos este planeta. Las distintas civilizaciones han intentado dar respuesta a esta cuestión de diferentes formas a lo largo de la historia, pero este gran reto siempre ha estado presente.
La forma en la que las personas afrontamos esta cuestión, creyendo o no creyendo, eligiendo una religión u otra o ninguna de ellas, tiene un impacto enorme en la manera en la que vivimos nuestras vidas y en cómo enfocamos las diferentes situaciones que nos vamos encontrando en nuestros caminos.
A continuación encontrarás que hemos estructurado esta sección en 6 partes:
- Yo creo en Dios
Testimonio de Javier Guinea Torróntegui, en el que nos explica las razones por las que cree en la existencia de Dios y en la Fe Católica. - La Ciencia y la Religión, ¿son compatibles o antagónicas?
En 2 interesantes artículos profundizamos en las razones que esgrime el ateísmo científico sobre la inexistencia de Dios. - Yo no creo en Dios
Artículo que recoge muy bien las razones por las que un ciudadano medio de a pié, sin apoyarse en argumentos científicos, no cree en la existencia de Dios. - Dudas de Fe
Por qué ocurren, a dónde nos llevan, y qué consejos nos da el Papa Francisco para superarlas. - Dos sacerdotes católicos:
D. Jesús Higueras y D. Paco García, magníficos ejemplos del trabajo de la Iglesia en ayudarnos a todos a vivir nuestras vidas con más sentido cada día. En el caso de D. Paco, os contamos su increíble historia de conversión. - La fe católica en la red
Dos webs llenas de contenido interesante sobre la Fe. Tratan casi cualquier cuestión importante que tenga que ver con nuestras inquietudes vitales y existenciales.
Yo creo en Dios
Empezamos con un artículo en el que Javier Guinea Torróntegui, fundador, junto con sus hermanos, de Barua y miembro de su consejo editorial nos explica las razones por las que cree en la existencia de Dios.
Yo soy católico, apostólico y romano y os voy a explicar por qué:
Como todas las grandes decisiones de la vida es una mezcla entre cabeza y corazón. No hay ninguna decisión importante en la vida en la que no estén de acuerdo estos dos elementos, nuestra cabeza y nuestro corazón. Es un razonamiento y un sentimiento, ambos inseparablemente unidos.
Hablo desde mi experiencia personal, me faltan conocimientos teóricos y teólogicos, pero me apoyo en mi experiencia y la experiencia que me han transmitido mis padres, mi familia, mis abuelos, mis amigos y muchos otros que compartimos la misma fe. Ésta me lleva a un convencimiento profundo de que estamos en el camino correcto. Por muchas curvas que dé, tenemos claro el lugar al que queremos ir y tenemos el convencimiento de que con la ayuda de Dios llegaremos.
Pero la existencia de Dios no pertenece exclusivamente a la fe y de hecho el hombre puede también llegar a esta verdad a través de la razón. Hay numerosos argumentos filosóficos que la explican, como la vía del movimiento, la de las causas eficientes, la de los grados de perfección o la teleológica. En ellas se establece que tiene que haber un primer motor, una primera causa, de perfección máxima, y que además existe un diseño y un propósito en el mundo.
Son conceptos que son complejos pero al final todos llegamos a la misma encrucijada: ¿para mí qué es más verosímil, que exista Dios o que no exista? Personalmente me resulta imposible creer que todo lo que nos rodea ha surgido por generación espontánea, sin ningún Creador. Pienso que todo el orden que hay en el universo tiene una causa Superior. Nada material, finito o conocido ha podido generar tal inmensidad.
También creo que hay una ley moral natural: las personas tenemos un sentido claro de lo que está bien y lo que está mal. Sólo una Bondad Inteligente pudo haber construido una realidad así. No puede haber surgido del caos. Al igual que la existencia de la inteligencia, el amor, la espiritualidad, el altruismo o el arte no han podido surgir del caos. Por muchas recombinaciones de átomos durante miles de millones de años que se hayan podido generar, nunca habría salido algo así.
Algunas personas piensan que creer en Dios es cosa de niños, como creer en los Reyes Magos. En este caso la existencia de Dios se ve como una mera explicación fácil para las cosas que no entendemos en nuestra vida. Pero el hecho de que nosotros no le encontremos una explicación a una determinada situación, no significa que no la tenga. ¿No existía la gravedad hasta que la descubrió Newton? Existía pero no conocíamos la explicación.
Para los que tenéis un pensamiento muy científico, os diría que en mi opinión las grandes verdades de nuestra vida no requieren una fórmula matemática para demostrar que son ciertas. Todos sabemos lo que nos quiere nuestra madre y no necesitamos ninguna fórmula matemática para demostrar que es cierto. Nuestra razón es incapaz de explicar todo lo que ha creado una inteligencia enormemente superior que es Dios.
Por tanto, para mi está clara la existencia de Dios y la siguiente pregunta que me planteo es ¿cómo es Dios? De las religiones que conozco ¿cuál me ofrece una explicación adecuada de Dios?
En este caso el cristianismo nos enseña que Dios es nuestro Padre, que se reveló desde el principio a los hombres para dar vida eterna a los que buscan la salvación a través de las buenas obras. Es un Dios justo, bondadoso, compasivo y misericordioso. No sólo se trata de la religión más seguida en el mundo sino que tengo el convencimiento de que las buenas obras hacen que seamos más felices y que el mundo sea mejor. Y eso es precisamente lo que enseña el cristianismo: el amor a Dios y al prójimo, el esfuerzo, la generosidad, la humildad.
Como todas las cosas importantes de la vida, requiere de una comprensión, tener claro cuál es el objetivo y cuál es el camino y un “aparente sacrificio” del egoísmo inicial y del cortoplacismo, para conseguir un objetivo superior con un horizonte más amplio y duradero.
Consiste aparentemente en renunciar a determinados beneficios en el corto plazo, para alcanzar metas mayores. Aunque inicialmente podamos pensar que esa renuncia es un sacrificio, que renunciamos a nuestra libertad y a nuestro egoísmo, la realidad es que seguir el camino de la fe te demuestra que con esta “renuncia” somos mucho más felices tanto en el corto plazo, cada día, como en el largo plazo, según va transcurriendo nuestra vida.
Después de hacerme estas preguntas y algunas más, llego a la conclusión de que la Fe Católica es la que responde a todas ellas y que con Jesucristo encuentro sentido a mi vida, a la Humanidad desde el comienzo de los tiempos y a todo el universo que me rodea.
En esta Fe encuentro sentido a todo aquello a lo que no le encontramos una explicación en nuestra vida.
Un símil que me ayuda a entender las cosas es pensar que nosotros somos como niños pequeños, con nuestro mundo y nuestras limitaciones, Dios es nuestro Padre, que nos ve como un adulto que encuentra explicaciones claras a todo aquello para lo que los niños no las encuentran.
Nuestra inteligencia es incapaz de explicar todo lo que ha creado una inteligencia enormemente superior que es Dios, por eso Dios nos ha revelado la verdad de todo, nos ha enviado a su Hijo Jesucristo a la tierra y nos ha legado la religión católica.
Por otra parte, el concepto de eternidad explica una enorme cantidad de cosas a las que no les encontraba solución, el hecho de que Dios nos haya regalado una vida eterna a todas las personas explica por qué tenemos vidas tan diferentes y con destinos tan dispares, hasta la vida más larga dividida entre infinito tiende a cero, igual que la vida más corta, la muerte más temprana e injusta, la gente que sufre, los enfermos, los discapacitados. A todos, Dios nos ha regalado una vida eterna, por mucho que suframos en esta vida y por muchos años que vivamos en la tierra, lo que eso representa es insignificante cuando lo comparamos con la vida eterna que tenemos por delante.
Por último me gustaría añadir que la Iglesia está formada por personas, con sus grandezas y sus miserias, con grandes ejemplos y ejemplos deplorables, como ocurre en cualquier grupo grande de personas con una historia de más de 2.000 años.
Simplemente os invito a que no descarteis la fe católica por malos ejemplos o malas experiencias que hayáis podido tener en el pasado y le déis una nueva oportunidad, con nuevos ojos, volviendo al mensaje de Jesucristo y siguiendo la mayoría de buenos ejemplos que tiene la Iglesia, tanto en su clero como en sus laicos.
Una vez que abrazas la fe en toda su amplitud, tu vida cambiará, le encontrarás verdadero sentido y te sentirás enormemente alegre, confiado y reconfortado. Te invito a que lo pruebes!!
Ciencia y Religión, ¿son compatibles?
Desde hace muchísimo tiempo ha existido este debate, como si la Ciencia y la Religión estuvieran enfrentadas. Desde Barua pensamos que lejos de ser así, la Ciencia y la Religión son perfectamente compatibles y complementarias.
La razón es que cada una de ellas da respuesta a diferentes preguntas: la Ciencia explica los cómos (cómo ocurren las cosas), la fe, la religión, la filosofía, explican los porqués (porqué ocurren las cosas). Es decir la ciencia explica muy bien como la partícula A se une a la partícula B, para dar origen a la partícula C, además tiene muchas teorías sobre cómo se originó el universo, cómo han evolucionado las diferentes especies que han habitado la tierra o cómo se concibe un ser humano o cómo se atraen 2 masas en determinado entorno físico. Pero en ningún caso explica el porqué de ninguno de los fenómenos que estudia.
Para explicarnos los porqués tenemos que recurrir a otra serie de disciplinas, no científicas, como la teología, la filosofía etc.. Cuanto más avance la ciencia, mejor entenderemos cómo ocurren las cosas, pero por mucho que avance la ciencia, nunca encontraremos en ella la respuesta a los porqués.
En este sentido, resulta contradictorio observar el desarrollo del Ateísmo científico, ya que a nuestro entender, puedes utilizar muchas disciplinas para argumentar la existencia o la inexistencia de Dios, pero no tiene sentido usar la ciencia para ello, porque estás preguntando a una disciplina que no tiene respuesta a esa pregunta.
Mensajes erróneos como que “un buen científico tiene que ser ateo” o que “la religión es pura superstición que ataca a la ciencia”, se han propagado de forma rápida en la sociedad. Pero no por ello dejan de ser falsos y hay numerosas argumentaciones que defienden lo contrario. De hecho la mayoría de los científicos del pasado eran cristianos y ha sido precisamente la noción de un Creador la que ha impulsado a la ciencia a buscar explicaciones. En la actualidad hay numerosos científicos católicos que nos enseñan que ciencia y religión no tienen que estar enfrentadas.
Después de esta breve introducción a este debate tan interesante, os dejamos dos artículos que hemos seleccionado y que resumen muy bien los argumentos a favor y en contra de cada postura: ‘Objeciones a la existencia de Dios desde una perspectiva científica’ y ‘En contra del ateísmo científico’.

Objeciones a la existencia de Dios desde una perspectiva científica
A continuación os presentamos los principales argumentos en contra de la existencia de Dios que esgrimen algunos de los más laureados científicos no creyentes.
Este contenido lo hemos extractado y resumido de un interesante artículo de Samu Saad en el que aborda las respuestas a algunas de las principales objeciones a la existencia de Dios:
Objeciones:
- ¿Quién creó a Dios?: Si todo lo que existe tuvo que tener una causa, entonces ¿quién causó a Dios? ¿Por qué no se le puede aplicar a Dios el mismo principio que se le aplica a todo el universo?
Respuesta: El argumento no menciona que “todo lo que existe tiene una causa”, sino más bien que “todo lo que comienza a existir” o “todo efecto” tiene una causa. Este “primer motor” o “causa no causada” tiene que ser necesariamente eterno, o sea que nunca comenzó a existir, sino que siempre ha existido. Esto tiene sentido si consideramos que el concepto que se ha desarrollado de Dios es el del ser más simple y sin divisiones que existe: espiritual, inmaterial, eterno, permanente, fuera de los cambios y contingencias del universo material.
- Argumento de Stephen Hawking: El astrofísico, y probablemente el científico más famoso del mundo, Stephen Hawking, ya demostró que no hay necesidad de que exista un Dios para explicar el origen del universo: “Dado que existe una ley como la de la gravedad, el universo pudo crearse a sí mismo de la nada, como así ocurrió”.
Respuesta: En el capítulo 6 del libro The Grand Design publicado en 2010, Hawking y Mlodinow, su coautor, proponen un modelo físico según el cual es posible que surjan universos espontáneamente de la “nada”.
Sin embargo, esta “nada” realmente no coincide con el concepto filosófico tradicional de la “nada” (es decir, no existencia), sino que significa vacío cuántico (es decir, espacio lleno de energía cuántica). Pero la energía no es “nada”, ¡es algo! Tratando de contestar con la ciencia una pregunta que es filosófica, lo que hacen estos astrofísicos es confundir el término “nada” y argumentar que la causa del universo se encuentra dentro del mismo universo.
En lugar de explicar cuál es esa causa no causada o el primer motor, lo único que logran es retroceder un paso más en la lista de causas eficientes, porque ¿cuál fue la causa de esa energía cuántica que fue la causa del universo?
- God of the gaps: Decir que Dios es la única explicación posible para la existencia del universo es caer en una flojera intelectual. Es caer en un “God of the gaps” o “Dios tapa-agujeros”. Ponen a Dios como explicación para las preguntas que la ciencia no ha contestado todavía. Conforme avanza la ciencia, cada vez son más las preguntas que se contestan científicamente y menos las que todavía necesitan explicarse con Dios. Llegará el punto en que el origen del universo será explicado definitivamente por medio de la ciencia. Pensar de esta manera es anticientífico, retrógrado y oscurantista.
Respuesta: La ciencia es excelente resolviendo preguntas sobre cómo funciona el universo y trayendo progreso tecnológico a la humanidad. Sin embargo, los argumentos y las preguntas que hemos tratado en este artículo son de carácter filosófico, no científico. La filosofía no puede contestar cómo se formó el universo, o cuántos años tiene el universo. Contestar a todas estas preguntas le corresponde a la ciencia, porque ésta se encarga de estudiar el universo físico medible y observable.
Sin embargo, hay muchas preguntas que la ciencia no puede contestar, y para esto existen la filosofía, la ética, la antropología, la religión, etc.
Si utilizáramos la religión para contestar estas preguntas de cómo se formó el universo, caeríamos en la mitología. Pero si creyéramos que la única forma de conocimiento válida es el conocimiento científico, caeríamos en una visión reduccionista del mundo e incompatible con un modo de vida sano y coherente. Dado que la causa del universo lógicamente no puede estar dentro del mismo universo, tiene que ser algo inmaterial y trascendente.
Pero los objetos inmateriales y trascendentes no son el objeto de la ciencia, cuyo objeto es lo medible y cuantificable. Por ende, la cuestión de Dios no es ni será nunca una pregunta que se pueda contestar por medio de la ciencia. Por lo tanto, a estos argumentos no se aplica la acusación de “God of the gaps”.
Conclusión
Estos argumentos no demuestran ni tienen la intención de demostrar la existencia del Dios de la Biblia, ni de la Santísima Trinidad. Sin embargo, dan una base filosófica para justificar la creencia en un ser eterno, inmaterial y trascendente que es la única explicación posible para la existencia del universo. Para todo lo demás ya habrá otros argumentos que no vienen a colación ahora. Si quieres, puedes llamar a este ser como quieras; a mí me gusta llamarlo “Dios”.
En contra del ateísmo científico
Existen muchas corrientes ateas asociadas a la ciencia, que tratan de usar la ciencia para argumentar la no existencia de Dios. En este sensacional artículo de Javier Sánchez Cañizares, publicado en la revista “Palabra”, argumenta de manera muy sencilla y directa en contra del ateísmo científico.
Javier Sánchez Cañizares, para aquellos que no le conozcáis, es doctor en Física por la Universidad Autónoma de Madrid y doctor en Teología por la Universidad de la Santa Cruz de Roma. Ha sido profesor ayudante en el Departamento de Física Teórica de la Materia Condensada de la Universidad Autónoma de Madrid, profesor adjunto de Teología Moral en la Facultad de Teología de la Universidad de Navarra y, en la actualidad, es profesor agregado en la Facultad Eclesiástica de Filosofía en la Universidad de Navarra, en la que dirige el grupo “Ciencia, Razón y Fe” además de ser investigador del grupo “Mente-cerebro” del Instituto Cultura y Sociedad. Por lo que podéis comprobar es una voz más que autorizada para tratar estos temas.
El pasado 23 de febrero tuvo lugar en la Universidad de Oxford un encuentro singular. El biólogo Richard Dawkins y el primado anglicano Rowan Williams conversaron durante una hora y media sobre la naturaleza y el origen de los seres humanos. Numerosos medios de comunicación se hicieron eco del acontecimiento. Se daba además la circunstancia de que en el mismo escenario había tenido lugar, hacía más de 150 años, una discusión entre Thomas Huxley y el arzobispo Wilberforce que acabó más bien en desencuentro: el clérigo preguntó a Huxley si era descendiente del mono por parte de madre o de padre.
Gracias a Dios, el debate entre Dawkins y Williams resultó un ejemplo de buenas maneras. Ambos pudieron exponer sus puntos de vista de manera pacífica, interpelarse para pedir aclaraciones e incluso mostrar su acuerdo sobre determinados aspectos. El debate contó con una enorme audiencia, lo que muestra el interés que despierta el debate entre ciencia y religión en el mundo contemporáneo. Ahora bien, ¿cuáles son los puntos de conflicto en la actualidad? ¿Han evolucionado los argumentos en los últimos años? ¿Estamos ante un diálogo de sordos que nunca llegarán a entenderse?
La imagen de Dios en juego
Hoy día puede decirse que la relación entre ciencia y religión no es en absoluto conflictiva. Pero también es cierto que en determinados círculos religiosos fundamentalistas se rechaza a la ciencia como enemiga de la revelación divina y que algunos científicos presentan periódicamente arengas a favor del ateísmo, supuestamente avalados por su prestigio intelectual. ¿Cuáles son las razones que esgrimen estos últimos?
Para entender las razones del ateísmo «científico» de personalidades como Richard Dawkins o Stephen Hawking, conviene tener presente la imagen de Dios que atacan con su argumentación: el llamado «Dios de los agujeros».
El ateísmo científico considera que, a lo largo de la historia, los creyentes recurren a Dios siempre que se hallan ante un fenómeno que no pueden explicar o dominar. Así, rezan a Dios para que los libre de la peste negra, dé buen tiempo a las cosechas o sane a un enfermo incurable. Por el contrario, los avances en el conocimiento científico mostrarían que las verdaderas causas de esos fenómenos son exclusivamente naturales, sin que haya ninguna necesidad de invocar a un ser sobrenatural: en vez de rezar para que haga sol en la excursión de mañana sería mejor consultar la predicción meteorológica de los expertos.
La expresión «Dios de los agujeros» enfatiza que Dios resultaría únicamente un recurso para rellenar aquellos huecos del conocimiento científico que aún existen. El ateísmo científico está convencido de que la ciencia es, en última instancia, capaz de descubrir las causas naturales que explican todos los fenómenos. Ciertamente, tras enfrentarse con los cambios gnoseológicos provocados por la mecánica cuántica y la teoría del caos, la ciencia actual ya no presume del ingenuo determinismo del s. XIX, pero lo sustancial de las posiciones del ateísmo científico permanece inalterable: el progreso en el conocimiento científico supondrá finalmente la desaparición de todos los agujeros epistemológicos y, con ellos, la desaparición de Dios del pensamiento humano.
El argumento genérico del ateísmo científico se ha concentrado en los últimos años en dos cuestiones fundamentales: el origen del universo y el origen del hombre.
Una de las cuestiones que más asombran a los cosmólogos es el «ajuste fino» de las constantes fundamentales del universo. Si el valor de las mismas hubiese sido ligeramente distinto, el cosmos resultaría radicalmente diferente a como lo observamos hoy (sería probablemente un gran vacío sin galaxias o un enorme agujero negro). El ajuste fino es algo que muchos han visto como un argumento a favor de la existencia de un ser superior, que fijaría los valores oportunos de las constantes antes de poner en marcha el universo.
El libro «The Grand Design» de Stephen Hawking y Leonard Mlodinow rechaza esta visión proponiendo un escenario científico alternativo. En realidad, nuestro universo no sería sino uno de los muchos posibles dentro del gran multiverso (el conjunto de todos los potenciales universos en una teoría unificada de supercuerdas). Los universos nacerían a partir de fluctuaciones cuánticas y el nuestro no tendría nada de especial; procedería simplemente de una fluctuación que se amplifica hasta desarrollar un universo capaz de albergar seres humanos conscientes de ello.
Una perspectiva análoga se da en torno al problema del origen del hombre. La teoría general de la evolución ofrece una explicación de la aparición de las especies sobre la tierra a partir de mutaciones en el código genético de los seres vivos y la selección natural de los que mejor se adaptan al ambiente. Dicha teoría es respaldada por la mayoría de los científicos y es la que ofrece una mejor explicación de la ingente cantidad de datos paleontológicos, morfológicos y genéticos de que disponemos en la actualidad.
Ahora bien, algunos biólogos como Dawkins y neurofilósofos como Patricia Churchland defienden, dentro de dicho marco, que el hombre sería una especie más, proveniente de complicados fenómenos de autoorganización de la materia e interacción con el ambiente. En ese sentido, lo que llamamos capacidades superiores del ser humano: autoconciencia, inteligencia o libertad no serían más que complejas dinámicas cerebrales. En otras palabras, meras ilusiones similares a la de creer que el sol gira en torno a la tierra.
Niveles de realidad
¿Qué podemos decir ante todo esto? Hay que reconocer el grado de persuasión de ciertas apreciaciones del ateísmo científico. Desde luego, no han faltado ocasiones a lo largo de la historia en que la ciencia ha purificado a la creencia religiosa de meras supersticiones y —en momentos puntuales como en el caso Galileo— de interpretaciones erróneas de la Sagrada Escritura. Esto no es sorprendente pues, si bien la fe purifica a la razón, también se da un «papel purificador y vertebrador de la razón respecto a la religión. Se trata de un proceso en doble sentido» (Benedicto XVI, Discurso en Westminster Hall, 17-IX-2010).
El conocimiento científico avanza y la ciencia tiene sus propios mecanismos para desechar las falsas teorías. Ahora bien, ¿abarca la ciencia todos los niveles de la realidad? La ciencia da una explicación muy fundamental de la realidad que percibimos, ¿pero se puede reducir todo a ciencia? Un ejemplo claro lo encontramos en la creación artística. Podemos descomponer en ondas acústicas una interpretación del Réquiem de Mozart, determinar la composición química de la pintura de Las Meninas y calcular la distribución de cargas que se da en la Basílica de San Pedro; ¿pero ofrece cada una de esas descripciones una explicación completa de la realidad a la que nos enfrentamos?
La imagen del «Dios de los agujeros» que presenta el ateísmo científico tiene su parte de verdad. No obstante, considera iguales a todos los agujeros: simples vacíos de conocimiento que terminará colmando la comprensión científica. Sin embargo no todos son iguales. El ateísmo científico parte de una comprensión inicial reduccionista: pensar que solo la ciencia es capaz de dar una explicación racional y completa del mundo.
Desde un punto de vista estrictamente científico, los intentos de dar una explicación natural del origen del universo a partir de la teoría del multiverso o de la aparición de la conciencia humana desde la autoorganización de la materia son, hoy por hoy, pura ciencia ficción, como reconocen todos los científicos (incluidos Hawking y Dawkins). Pero, aun si llegaran a dar una explicación científica de estos fenómenos, ¿se estaría dando una explicación completa de la realidad? ¿Se estaría explicando la razón de la existencia del mundo o de la búsqueda de sentido que lleva a cabo el ser humano? No se puede explicar lo que a priori se rechaza. Y sin embargo —parafraseando a Galileo— existe.
El ateísmo científico pide a la ciencia más de lo que puede dar. La ciencia no es teísta ni atea. No se debe utilizar para hacer teísmo o ateísmo. Filosofía y teología son los modos de la racionalidad humana que pueden indagar los porqués últimos de la existencia. En último término, el ateísmo científico se contradice a sí mismo pues, si fuese cierto, no tendría que tomarse el trabajo de refutar una ilusión. Paradójicamente, el hombre es el único animal que hace ciencia y busca convencer a quienes reconoce la capacidad de rectificar: de ser libres, ni más, ni menos.
Este artículo también lo podéis encontrar en la web de la Universidad de Navarra, que cuenta con una magnífica sección sobre “Ciencia, razón y fe”, por la que os recomendamos navegar.
Yo no creo en Dios
En Barua lo que pretendemos es abrir el debate sobre un tema tan trascendental en nuestras vidas como es el creer o no creer. Hemos recogido en este punto algunas razones menos científicas que las que hemos comentado anteriormente , que describen muy bien los motivos por los que el ciudadano de “a pié” sin necesidad de ser un científico o un filósofo, no cree en Dios. Están extraídas del blog de Borja Girón, que pensamos que aborda muy bien el sentir y el razonamiento de muchas personas que no creen, aquí están sus razones:
- Un dios perfecto por definición no puede crear nada imperfecto. Sin duda no vivimos en un mundo perfecto.
- Si crees en un dios único, bondadoso y creador de todo no podrías creer en el diablo o en el mal. Y si crees en él solo lo ha podido crear tu Dios.
- Un Dios capaz de crear el universo no tiene sentido que tenga que poner en manos de hombres las escrituras de sus palabras y que sean estos los que vayan decidiendo qué escrituras son adecuadas y cuáles no, además de cómo interpretarlas.
- Cualquier dios o dioses han sido creados por la mente humana para tratar de entender lo que en un principio no tenía explicación.
- La teoría de la evolución al igual que la teoría de la gravedad o la teoría de la relatividad no indican que no estén demostradas. De hecho usamos la teoría de la evolución y la teoría de la relatividad a diario y son teorías demostradas y comprobables.
- No tiene sentido que las creencias de hace 100 años o 500 años de la misma religión cambien y evolucionen. Si Dios existiera, sus ideas, ética, moral, enseñanzas y creencias no podrían cambiar porque serían perfectas.
- No tiene sentido esperar 65 millones de años y crear Dinosaurios y extinguirlos para que tras la evolución aparezcan unos seres que puedan apreciar y descubrir su majestuosidad.
- ¿Van las piedras al cielo o al infierno al morir? ¿Y las células? ¿Y los ácaros? ¿Y los insectos? ¿Y los peces? ¿Y los monos? ¿Y los australopithecus? ¿Y los neandertales? Y ahora llega la gran pregunta. ¿En qué punto Dios decide que un ser merece ir al cielo o al infierno? ¿No sería una elección muy injusta para los anteriores seres de la etapa evolutiva?
- Un Dios no sería nunca justo con todos los seres humanos que vivieron engañados por creer en otros dioses antes de la creación de tu religión actual.
- Existen en el mundo más de 4200 religiones de las que muchas copian textos cambiando nombres y lugares. Y no es porque sea el mismo Dios ya que ese trabajo lo hacen hombres normales en muchos casos tras la orden de un superior.
- ¿Quién creó a Dios? Y si ha existido siempre, ¿por qué esperó a crearlo todo?
- ¿Dónde estabas antes de nacer? Irás al mismo sitio tras tu muerte. Esto tiene más sentido que que la magia te mande a otro sitio en las nubes.
- Cada persona moldea su Dios según sus creencias incluso perteneciendo a la misma religión. Por tanto, existen tantos dioses como personas crean en ellos. Ninguno es igual.
- La base de cualquier religión se centra en crear miedo si no se cree en Dios, considerar que no se puede ser buena persona o ser feliz si no se cree en Dios y en asustar hasta el extremo en el caso de no hacer lo que él dice .
- Dependiendo de tu lugar de nacimiento y de tu entorno vas a creer en unos dioses o en otros, en una religión o en otra. Son otras personas igual de ignorantes que tú las que te hacen creer en algo.
- Un Dios misericordioso, perfecto y bueno jamás podría matar a millones de hombres, mujeres y niños como hace por ejemplo en la Biblia.
- Cuanto más inculto es el pueblo más creen en dioses porque son más fáciles de manipular. Si tienes acceso a libros e información con muchas y diferentes ideas es más fácil de cuestionarlo todo y de elegir. Si solo conoces una verdad no puedes elegir.
- Todas las religiones tienen una historia que cuenta el origen del universo y del ser humano y aunque algunas religiones han admitido después que son parábolas y no son reales, ese es un cambio que se ha producido recientemente.
- No hay ni habrá nunca ninguna prueba de la existencia de ningún Dios. No se puede demostrar la existencia de algo que no existe pero sí se puede demostrar su inexistencia a través del razonamiento lógico, del estudio de su origen y gracias a la ciencia y el conocimiento.
Os dejamos el enlace al artículo completo.

Dudas de fe
“Tengo dudas en mi fe”. Esto es lo más normal del mundo y es lo que nos lleva a niveles más maduros en nuestra fe. ¿Quién no tiene o no ha tenido dudas alguna vez en su Fe? La vida es un viaje largo y muchas veces complicado. Es absolutamente normal que incluso las personas que tienen una fe a prueba de bombas, tengan dudas a lo largo de su vida.
En relación a este tema, os recomendamos que leáis lo que dijo el Papa Francisco sobre cómo afrontar nuestras dudas de fe en su audiencia general el 23 de noviembre de 2016. El Papa Francisco trata el tema con una enorme sencillez y claridad y nos dice que la Fe, lejos de ser un concepto abstracto, solo apto para filósofos, teólogos o eruditos en la materia, es algo mucho más terrenal y cercano a cualquier ser humano. Además nos dice que las dudas en la Fe son una manera de progresar en ella y en la mayoría de los casos, lejos de grandes discusiones teóricas, se disipan y se aclaran cuando practicamos el amor al prójimo. Como no podía ser de otra manera, el Santo Padre, acierta de pleno con su consejo y nos invita a dejarnos de debates teóricos y pasar a la acción y amar a los que nos rodean, como solución para encontrar una respuesta más clara a nuestras dudas.
El Papa Francisco se dirigió a quienes sienten miedo y angustia como consecuencia de la duda, de la incertidumbre, durante la catequesis en el aula Pablo VI del Vaticano. “Expresar misericordia a los que dudan equivale, sin embargo, a calmar el dolor y el sufrimiento que proviene del miedo y de la angustia que son consecuencias de la incertidumbre”, dijo el Papa Francisco al referirse a la obra de misericordia: aconsejar a quien tiene dudas. “Por lo tanto, es un acto de amor verdadero pretender apoyar a una persona en la debilidad causada por la incertidumbre (duda)”.
Aconsejar y enseñar” (cfr Lc 10, 21-22) fueron los imperativos evangélicos expuestos por Francisco en esta catequesis después del cierre oficial del Jubileo.
“Dar buen consejo al que lo necesita es un verdadero acto de amor hacia las personas que están desorientadas o tienen dudas. Todos podemos tener en algún momento dudas sobre la fe. La escucha de la Palabra de Dios y la catequesis nos ayudan a superar esas dudas”.
El Papa admitió que también él mismo ha sentido el peso de las dudas en su vida. “Creo que alguien me podría preguntar: ‘¡Padre, yo tengo tantas dudas sobre la fe! ¿Qué debería hacer? ¿Usted nunca tiene dudas? —Ah, tengo muchas—”, dijo con una sonrisa. Las dudas no faltan en varios momentos de la vida. “¡Todos tenemos dudas, las dudas que tocan la fe!” Francisco las considera positivamente porque son la señal de “que queremos conocer mejor y profundamente a Dios, Jesús, el misterio de su amor hacia nosotros”.
“Yo tengo esta duda, bueno busco, leo, pido consejo de cómo hacer”. Las dudas hacen crecer. Por tanto, es bueno que nos cuestionemos sobre nuestra fe, “porque de esta manera se nos lleva a un nivel más profundo”.
Las dudas, sin embargo, también deben ser superadas. “Por esto hay que escuchar la Palabra de Dios, y entender lo que la Biblia nos enseña”, sostuvo. En este sentido, el Pontífice indicó la importancia de la catequesis, “en la que el anuncio de la fe viene a nuestro encuentro en la realidad de la vida personal y comunitaria”.
La fe no es una teoría abstracta
Igualmente, invitó al mismo tiempo a vivir la fe. «No hagamos de la fe una teoría abstracta donde las dudas se multiplican». La fe practicada en la vida misma. “Nosotros tratemos de practicarla en el servicio a los hermanos, especialmente hacia los más necesitados. Entonces, tantas dudas se desvanecen, porque sentimos la presencia de Dios y la verdad del Evangelio, en el amor que, sin nuestro mérito, mora en nosotros, y que compartimos con los demás”, indicó.
De esta manera, explicó que las dos obras de misericordia: Aconsejar al que duda y enseñar al que no sabe, “no están lejos de nuestras vidas”.
“Cada uno de nosotros puede comprometerse en vivirlas para poner en práctica la palabra del Señor, cuando dice que el misterio del amor de Dios no fue revelado a los sabios e inteligentes, sino a los pequeños (cf. Lc 10,21; Mt 11,25- 26)”.
El Obispo de Roma, por tanto, insistió que la enseñanza más profunda a la que estamos llamados es transmitir el amor de Dios. “Un amor grande, esta es la gran certeza, gratuito y dado por siempre. Dios jamás quiere que el amor sea devuelto; es donado para siempre”. No obstante, es un amor fuerte que lleva a una fuerte responsabilidad para ser testimonios y “ofrecer misericordia a nuestros hermanos”.
Os dejamos el enlace con todo el detalle.

Dos sacerdotes
Don Jesús Higueras
En Barua somos fans de D. Jesús Higueras, párroco de Santa María de Caná, en Pozuelo de Alarcón en Madrid y sin duda una de las mentes más claras y mejores predicadores que conocemos. Cualquier cosa que encontréis en la web sobre D. Jesús es siempre muy valiosa, nosotros os animamos a que como mínimo sigáis sus meditaciones diarias, son muy breves y sin duda hacen que afrontes el día con sentido y esperanza. Aquí tenéis acceso a las mismas.
Además os dejamos este magnífico vídeo en el que D. Jesús nos ayuda a descubrir qué es lo que realmente queremos y debemos hacer en nuestra vida:
D. Paco García Gómez

En Barua también somos seguidores de D. Paco García Gómez, actual párroco de Colmenar Viejo en Madrid. Es una de las historias de conversión actuales más sorprendentes que conocemos, de Skin Head a sacerdote.
Con tan sólo trece años nadie le podía mirar a los ojos sin su permiso ya que su ideología y propósitos hacían temblar a cualquiera. Según él, su objetivo consistía en suprimir todo aquello que ensuciase a la Madre Patria: inmigrantes y ancianos. Su vida, llena de odio y envenenada por esta radical ideología, resultaba tan atroz que llegó un momento en el que comenzó a drogarse para poder dormir después de todas las perversidades que cometía.
Sus padres, comprometidos a sacarle de ese mundo, le cambiaron numerosas veces de colegio, se mudaron de casa y barrio para evitar que se juntara más con neonazis. No cabe duda: en aquel momento, la desesperación de sus padres estaba al límite. Pero el giro se produjo cuando sus ex-compañeros, al ver que este se alejaba, convirtiéndose así en ‘traidor a la causa’, cogieron a su madre y la arrastraron desde una moto por toda una calle de Madrid.
No es de extrañar que este espeluznante acontecimiento pusiese punto y final a su vida como skin. De ahí que se replantease su vida. Ahora bien, ¿cómo una persona puede redirigir tantas cosas y evolucionar hasta descubrir su vocación en el sacerdocio? En otras palabras, ¿qué pasó por la cabeza de ese joven?
D. Paco asegura que su verdadera conversión se produjo de la mano de una chica de la que se enamoró y con quien empezó a frecuentar la parroquia. Consiguió acabar con todo el odio que llevaba dentro y se confesó arrepentido del mal que había hecho. Más tarde, en esa misma parroquia descubriría su vocación al sacerdocio.
Os dejamos este breve vídeo donde nos cuenta un poco de su historia.
En Barua, tenemos la enorme suerte de conocer personalmente a D. Paco y además de su apasionante historia de conversión, es una persona excepcional, magnífico predicador, lleno de empatía y humanidad, y al igual que D. Jesús y tantos otros sacerdotes, una gran inspiración para la Iglesia de nuestros días.
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