La vida exige a todo individuo una contribución y depende del individuo descubrir en qué consiste.
(Viktor Frankl)
Nunca es tarde para hacer lo que siempre habías querido hacer pero nunca habías conseguido el tiempo suficiente para lograrlo. El voluntariado para mayores de 50 años existe. Si ahora dispones de más tiempo libre y siempre habías tenido en la lista de “pendientes” el colaborar desinteresadamente con los demás, ha llegado el momento de hacerlo. ¡Ya no hay excusas!
La oferta de proyectos y organizaciones de voluntariado es amplísima, te ayudamos a que encuentres aquellas en las que crees que podrías contribuir mejor.
Pedro Guinea Torróntegui, fundador, junto con sus hermanos, de Barua y miembro de su consejo editorial, nos cuenta su experiencia como voluntario en la Sociedad de San Vicente de Paúl y nos invita a que participemos en actividades de voluntariado. No sólo por el bien que puedes hacer a los demás, sino también por la satisfacción personal que recibes como recompensa.
Mi experiencia como voluntario: la satisfacción personal del voluntariado.
España es un país con una enorme solidaridad. Ya no sólo porque lideramos las principales estadísticas en donación de órganos sino porque nos volcamos cada vez que hay una gran catástrofe a nuestro alrededor. Pero nuestra generosidad no se queda en las grandes adversidades. Todos conocemos personas que viven cerca de nosotros y que no pasan por su mejor momento. Está claro que no hace falta irse a países subdesarrollados para encontrar gente con necesidades.
Y la pregunta que surge es
¿Cuál es la mejor forma de ayudar?
Os quiero contar mi experiencia personal en labores de voluntariado, en las que ya llevo colaborando de forma activa más de veinte años. Desde pequeño, como a todos, me enseñaron a valorar lo que tenemos y a pensar en las personas que no han tenido tanta suerte como nosotros. Pero al principio mi aportación no iba más allá de solidarizarme mentalmente con ellas y contribuir con pequeñas cantidades económicas en la iglesia.
Ciertamente no era gran cosa y sentía que podía hacer mucho más. Sobre todo, dedicando una de las cosas que más valoro y que es el tiempo. Es fácil contribuir económicamente, y más ahora con la cantidad de formas que hay para hacerlo: sms, bizum, transferencias, etc. Sin embargo, no es tan fácil comprometerse a invertir una parte de nuestro tiempo libre para ejercer el voluntariado. Aunque sea un rato a la semana, o al mes.
Gracias a un amigo que ya estaba involucrado en estos menesteres descubrí una asociación católica llamada Sociedad de San Vicente de Paúl. Esta organización dispone de numerosas actividades y acciones sociales para ayudar a las personas. Desde residencias para mayores, comedores sociales, acompañamientos hospitalarios, viviendas sociales, talleres de formación, almacenes de alimentos y ropa, o atención jurídica y psicológica, sólo por nombrar algunas.
Pero en la que yo comencé mi voluntariado, y sigo realizando en la actualidad, es una labor en la que semanalmente visitamos a personas que atraviesan malos momentos. Son visitas que tienen lugar generalmente en sus modestas viviendas, aunque en ocasiones nos reunimos en cafeterías u otros espacios. A lo largo de estos años hemos ayudado a inmigrantes, familias con hijos enfermos, personas mayores que viven solas, personas que han perdido su trabajo o mujeres en exclusión social.
A veces sólo con escuchar sus preocupaciones obtienen un gran consuelo. Otras, lo que necesitan es que hablemos de temas alegres y se olviden por un momento de las mismas.
Todas ellas tienen el denominador común de estar apurados económicamente, pero siempre se añaden otras adversidades. En ocasiones es la soledad, la ausencia de familiares, la dificultad para encontrar un trabajo, el analfabetismo o la escolarización de los hijos.
Semanalmente les apoyamos en sus vicisitudes y tratamos de resolver sus necesidades con nuestra buena voluntad y la ayuda de los recursos de la asociación. Desde ayudar con los deberes de los más pequeños hasta rellenar todo tipo de formularios para obtener ayudas oficiales o para regularizar la situación de inmigrantes. También echar una mano en arreglos de casa, conseguir un frigorífico nuevo o una silla de ruedas que algún amigo nuestro ya no necesita. Incluso intermediar en disputas vecinales y reconciliaciones familiares.
A veces sólo con escuchar sus preocupaciones obtienen un gran consuelo. Otras, lo que necesitan es que hablemos de temas alegres y se olviden por un momento de las mismas. Conseguimos involucrarnos en sus problemas y a menudo establecemos una relación de confianza y amistad con nuestros visitados.
Pero además de poder mitigar, aunque sea puntualmente, algunas de las preocupaciones de nuestros visitados, esta labor tiene un gran impacto en los propios voluntarios. No es sólo la satisfacción de poder ayudar a los demás. A mi me ha ayudado a calibrar la escala de valores. Me he dado cuenta que muchas de mis preocupaciones son puras banalidades. He aprendido a valorar los pequeños detalles y a disfrutar de cosas que antes daba por aseguradas. Es como una cuerda que cada semana me acerca a la auténtica realidad.
Por todo ello os ánimo a que también dediquéis parte de vuestro tiempo a colaborar con cualquiera de las organizaciones que hay en España. La oferta es realmente amplia, y es fácil encontrar alguna actividad que se amolde a nuestros horarios y nuestras capacidades. ¡Seguro que no te arrepientes!
Para terminar, me gustaría compartir algunos datos sobre la asociación en la que colaboro, la Sociedad de San Vicente de Paúl. Se trata de una institución de carácter humanitario y benéfico social constituida por seglares, en su mayoría católicos. Está presente en más de 150 países con más de un millón y medio de colaboradores. Con su esfuerzo la Sociedad llega a más de 30 millones de personas en todo el mundo y es, debido a su relevancia, miembro consultor en el Consejo Económico y Social de la ONU. Conozco bien a la institución en España y me gustaría aprovechar para alabar, agradecer y ensalzar la labor encomiable de sus miembros.
Organizaciones de voluntariado para mayores de 50
Además de la Sociedad de San Vicente de Paúl, existen numerosísimas ONGs que ofrecen proyectos interesantes de voluntariado. Aquí te dejamos los enlaces a algunas de ellas:
- Mayores UDP es una ONG centrada en las personas mayores, llena de información, recursos y actividades muy interesantes, así como de lugares donde poder reunirse. Además cuenta con su propios proyectos de voluntariado en los que puedes ayudar a otras personas mayores
- hacesfalta.org (Fundación Hazloposible), te presenta las principales ofertas para voluntarios en una amplia selección de ONGs y Proyectos
Casi todas las Comunidades Autónomas disponen de webs donde informan de la oferta de voluntariado que existe en dicha comunidad, de las diferentes organizaciones, sus proyectos y necesidades. Aquí te dejamos la de la Comunidad de Madrid.
Por último, desde Barua te recomendamos cualquiera de las ONGs de la Iglesia Católica. Para nosotros es la mejor garantía de que cada esfuerzo y cada recurso va destinado a quien más lo necesita sin perderse nada por el camino.
Aquí os dejamos una breve selección de algunas webs que nos parecen interesantes:
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