José, me ha sacado una sonrisa tu comentario, porque la ironía que destilas es digna de un guionista frustrado de Netflix. Claro, es fácil pintar un cuadro distorsionado cuando se selecciona a dedo cada pincelada de escándalo y se organiza en una narrativa de ‘culebrón’. Pero si realmente nos vamos a poner a mirar personajes y tramas, deberíamos recordar que la serie de corrupción en España tiene capítulos que vienen de todos los lados del espectro político, algunos con secuelas y spin-offs que ni HBO podría superar.
Begoña Gómez, el hermano de Sánchez, Koldo… Sí, se mencionan, y se han debatido hasta el cansancio, pero ¿nos quedamos ahí? ¿O miramos todo el panorama? Porque la ‘corte’ que mencionas no es un fenómeno exclusivo de un gobierno o de un partido; a lo largo de la historia hemos visto que los problemas de ética y moral no entienden de ideologías. ¿De verdad crees que en otros tiempos no hubo episodios dignos de una serie de sobremesa?
Me parece que más que centrarnos en el elenco del momento, deberíamos estar hablando de cómo cambiar la estructura del guion entero. Si queremos una verdadera regeneración democrática, entonces necesitamos dejar de centrarnos tanto en las caras de los personajes y mirar más las reglas del juego que permiten que este tipo de ‘tramas’ se repitan. ¿O vamos a seguir viendo la serie en modo repetición una y otra vez?