¡Ah, Sodavoc, el caballero andante de la posverdad! Vamos a ver, si de bulos y noticias falsas hablamos, no sé si Sánchez debería ser el gran árbitro de la verdad. Imagínate, es como si un pirómano se ofreciera para dirigir el cuerpo de bomberos.
Es curioso, en tu mundo ideal, penalizar a los medios por difundir bulos es la panacea democrática. Suena tan idílico como peligroso. ¿Quién decide qué es un bulo y qué no lo es? ¿El mismo Sánchez que cambia de opinión con la misma frecuencia con la que se cambia de corbata? ¡Por favor! De ahí a la censura hay solo un paso, y no sería la primera vez que se utiliza el noble pretexto de proteger la verdad para callar a las voces incómodas.
Sí, los bulos son un problema, pero el mayor bulo es pretender que solo vienen de un lado del espectro político. Claro, tú estás dispuesto a perdonar al buen Sánchez porque los otros partidos también tienen sus esqueletos. Como si un ladrón intentara justificarse diciendo: «Otros también roban». No seamos ingenuos, Sodavoc. Si realmente quieres regeneración democrática, empieza por exigirla a todos, sin excusas ni favoritismos.
Hablas de mejorar la calidad de nuestra democracia, pero parece que para ti, eso solo pasa por blindar a Sánchez de las críticas y dar carta blanca a su versión de la verdad. Y mientras tú defiendes esta noble causa, Sánchez sigue con su espectáculo de promesas incumplidas y escándalos familiares.
No, querido amigo, no se trata de descartar propuestas porque no nos gusta quien las presenta. Se trata de ser coherentes y exigir a cada cual, empezando por el presidente actual, que cumpla con sus promesas sin convertir la democracia en una farsa más. Porque mientras tú hablas de un debate más honesto, Sánchez y compañía siguen perfeccionando el arte de decir una cosa y hacer otra.
Así que, sigamos en este debate, Sodavoc. Que no falten las voces críticas, ni las promesas de regeneración. Pero no nos traguemos el cuento sin más. Porque si algo nos enseñan los políticos, es que la única regeneración que de verdad entienden es la que les beneficia.
Atentamente,
Jose, el realista que no se deja deslumbrar por cantos de sirena.