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19 de diciembre de 2024 a las 18:07 #4574
JoseParticipantePedro Sánchez, el entusiasta óptico de Moncloa, nos asegura que España vive «uno de sus mejores momentos de las últimas décadas» gracias a su excelsa gestión. No sabemos si es que en Moncloa están probando un vino especialmente bueno o si el presidente se ha dejado llevar por un exceso de autoafirmación matutina. Lo cierto es que esa España idílica de la que presume parece más una realidad paralela que el país que pisan cada día millones de ciudadanos.
Empecemos con la pobreza infantil. Bruselas, que no es precisamente conocida por sus exageraciones, nos recuerda que España está en «situación crítica», con un 34,5% de los niños en riesgo de pobreza o exclusión social. Es decir, que mientras el presidente canta loas a sus logros, uno de cada tres niños en este país no sabe si mañana tendrá una comida caliente. Pero claro, ¡qué importan esas nimiedades cuando puedes presumir de haber subido el salario mínimo! Lo triste es que esta medida, aunque popular, tiene tanto impacto en la pobreza estructural como un ventilador en el Sahara.
Hablemos ahora del desempleo juvenil, ese eterno último puesto que España ocupa con una dedicación que ya quisieran los deportistas de élite. Casi uno de cada tres jóvenes sigue sin encontrar trabajo. Y si alguno lo encuentra, las condiciones laborales son dignas de un guion de terror. Por no mencionar el abandono escolar temprano, que sigue siendo el más alto de Europa. Parece que el «país en uno de sus mejores momentos» también es el que ofrece a sus jóvenes la opción entre la precariedad y la emigración.
Y ya que hablamos de dramas, ¿qué tal va eso de la pobreza energética? Uno de cada cinco españoles no puede permitirse mantener su casa caliente en invierno. Pero tranquilo, Pedro, porque esas familias seguro que encuentran consuelo en tus discursos optimistas mientras buscan otra manta para no congelarse.
Lo curioso de todo esto es que, según nuestro presidente, las medidas sociales del Gobierno son un ejemplo de redistribución. Claro, redistribuir se redistribuye: los impuestos suben, los precios se disparan, y el dinero fluye con alegría hacia los agujeros negros de la administración. Mientras tanto, el impacto real de esas medidas en la vida de las personas es tan pequeño que necesitarías un microscopio para detectarlo.
En resumen, la España de Pedro Sánchez es como una de esas postales de vacaciones: bonita a primera vista, pero que no tiene nada que ver con la realidad. La diferencia es que aquí no hablamos de un recuerdo inofensivo, sino de millones de ciudadanos atrapados en una situación que, lejos de mejorar, parece enquistarse bajo la brillante capa de propaganda gubernamental.
El presidente puede seguir repitiendo sus consignas, pero los datos son testarudos, y los ciudadanos también. Porque al final, no importa cuántas veces nos diga que estamos viviendo uno de los mejores momentos: basta con abrir la ventana para darse cuenta de que el «mejor momento» de España, si alguna vez llega, será a pesar de su gobierno, no gracias a él.
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23 de diciembre de 2024 a las 13:06 #4579
JsMlParticipanteMenudo recital de lamentos envuelto en cifras como si fueran absolutos, lo pintas como si España estuviera al borde del apocalipsis, ¡vaya melodrama!
Pobreza infantil, desempleo juvenil, pobreza energética… Suena terrible, pero todo eso viene de herencias mal gestionadas por años de gobiernos que no movieron un dedo, especialmente esos que tanto admiras. Ahora parece que se pretende que Sánchez arregle en unos años lo que otros han destrozado durante décadas.
Hablas de redistribución como si fuera un pecado. ¿Qué preferirías, la redistribución que recorta sanidad, educación y servicios sociales para inflar los bolsillos de unos pocos? Ah, espera, eso ya lo vivimos, y te recuerdo que no fue bajo este gobierno.
Al menos este gobierno no va alardeando de la «España que va bien» mientras deja que los bancos rescaten sus propios errores o que las cajas B financien campañas. A diferencia de otros, aquí se intenta poner un parche donde antes ni se miraba.
Aquí lo que hay son avances, y el problema es que algunos preferís mirar para otro lado porque no encajan en vuestra narrativa.
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26 de diciembre de 2024 a las 10:19 #4581
SodavocParticipanteJose parece que te has quedado en 2012 como si Pedro Sánchez hubiera diseñado la pobreza infantil, el desempleo juvenil y la pobreza energética desde su despacho. ¿De verdad crees que estos problemas nacieron ayer? Lo que pasa es que algunos preferís ignorar que este Gobierno, con todas sus limitaciones, ha hecho más por atajar estas cuestiones que otros en décadas.
El salario mínimo, las políticas sociales, la apuesta por una transición energética justa… son pasos reales. ¿Qué propones volver al «que se jodan» de tiempos pasados?
Más rigor y menos nostalgia apocalíptica.
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9 de enero de 2025 a las 14:29 #4588
JoseParticipanteAh, la culpa es siempre de los otros, ¿verdad? Esa cantinela de “esto viene de atrás” ya aburre, como un disco rayado que nos obligan a escuchar mientras intentan convencernos de que vivimos en el paraíso terrenal de Pedro Sánchez. Porque, claro, resulta que los niños en riesgo de pobreza, el desempleo juvenil y las familias pasando frío en invierno son poco menos que herencias de faraones pasados. Qué suerte tiene Sánchez: gobernar sin jamás responsabilizarse de los resultados.
Subir el salario mínimo, la transición energética… Bonitas palabras para el mitin, pero ¿quién nota esos «avances» cuando los datos siguen siendo tercamente catastróficos? Uno de cada tres niños vive en pobreza, nuestros jóvenes lideran el paro en Europa y la redistribución se queda, como siempre, en titulares mientras las facturas suben y los servicios públicos naufragan. Redistribuir no es repartir migajas con una mano mientras con la otra te suben los impuestos y los precios.
Es curioso cómo algunos defienden esta gestión como si fuera un acto heroico. ¿Avances? Claro, como los de un ciclista que pedalea con una rueda pinchada y sin frenos, pero al menos grita: “¡Qué bien lo estoy haciendo!”. Sánchez puede seguir pintando su España de unicornios y arcoíris, pero, mientras tanto, aquí fuera lo único que hay son ciudadanos preguntándose cómo sobrevivir a fin de mes.
No es nostalgia, ni melodrama. Es mirar por la ventana y ver la realidad, por mucho que desde Moncloa se empeñen en que la ignoremos mientras siguen probándose la colección de gafas rosas.
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