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El envejecimiento de la población: principal reto económico al que nos enfrentamos

Hasta ahora el motor del crecimiento económico a nivel mundial ha sido el crecimiento demográfico, que siempre que venga acompañado de cualificación y productividad, acarrea inevitablemente prosperidad económica. La explicación es muy simple, tomando un ejemplo muy sencillo, si hay más personas y éstas generan renta suficiente para comprarse un coche, las empresas que fabrican coches, venderán más coches, se generará más empleo, las personas empleadas tendrán más renta e invertirán y consumirán más y así sucesivamente con todos los productos y servicios de la economía. De manera que el valor de todos los productos y servicios va creciendo simplemente porque crece la demanda para ellos al haber más personas que los piden.

El problema es cómo generamos crecimiento económico cuándo cada vez haya menos personas que demanden productos y servicios. Cuando los economistas tratan estos temas suele surgir la pregunta de si el crecimiento económico es la única medida de bienestar. Es un asunto a debatir, por supuesto, aunque la realidad a día de hoy es que dado el endeudamiento y el gasto público que tienen las principales economías del planeta, si los ingresos disminuyen como consecuencia del invierno demográfico, vamos a sufrir mucho para pagar la deuda que tenemos contraída y el nivel de gastos en el que estamos montados.

Inexorablemente, el envejecimiento de la población mundial es un problema económico. Al final, el valiente crecimiento económico al que nos hemos acostumbrado en los últimos siglos se encontrará con su oponente más formidable hasta ahora: la demografía. 

Veamos algunos datos:

En 2020, se estimaba que había 727 millones de personas de 65 años o más en todo el mundo; se espera que esa cifra supere los 1.500 millones (el 16% de la población mundial) en 2050

Sin embargo, no todas las partes del mundo envejecerán al mismo ritmo. Por ejemplo, se proyecta que para 2064, el mundo vivirá su primer año con más muertes que nacimientos; en Estados Unidos, ese año será 2038 , y en algunos países como es el caso de España desde 2023 , ya está sucediendo. 

Sirva como ejemplo el de España, en 1.900 su población era de 18.5 millones de personas, en 1.959 de 30 millones y en 2023 de 48 millones, para 2035 se espera que la población siga estable en 48 millones y para 2070 en 50 millones, según las proyecciones del INE.

El porcentaje de población de 65 años y más, que actualmente se sitúa en el 20,4% del total, alcanzaría un máximo del 30,5% en torno a 2055. En 2023, 16 millones eran mayores de 55 años (un tercio de los 48 millones de población), siendo 7 millones  entre 55 y 65 años y 9 millones mayores de 65.

La población nacida en España disminuiría paulatinamente y pasaría de significar el 81,9% del total actualmente, al 61,0% dentro de 50 años.

Está claro que la gente vive más y tiene menos hijos. La esperanza de vida mundial ha aumentado de solo 34 años en 1913 a 72 años en 2022, mientras que las tasas de fertilidad han disminuido. Ahora, el 60% de la población mundial vive en países donde la tasa de natalidad está por debajo de la tasa de reemplazo (2.1 hijos por pareja). 

Las condiciones de vida han mejorado mucho y, como consecuencia, también son más caras, lo que hace más difícil permitirse tener hijos. Mientras tanto, las mujeres pasan una mayor parte de su juventud en la educación secundaria y en carreras profesionales exitosas.

El envejecimiento de la población tiene algunas consecuencias graves que tendremos que afrontar pronto: 

En primer lugar, el aumento de los costes sanitarios. Las necesidades y los gastos sanitarios aumentan con la edad, lo que significa que los países tendrán que gastar más en ella. Del mismo modo, más adultos dependerán de los recursos sanitarios, que serán más difíciles de financiar, ya que la población activa también se reducirá (¿quizás la IA ayude en este aspecto?). 

Esto se hace más evidente cuando analizamos los gastos gubernamentales: según el Fondo Monetario Internacional (FMI), los países “ricos” tendrán que gastar alrededor del 21% de su PIB en las personas mayores en 2050

China, cuyas pensiones locales ya se están agotando, tendrá 100 millones de beneficiarios de pensiones en 2050 y puede tener problemas para conciliar el coste. Es probable que las naciones occidentales de Europa y Estados Unidos se enfrenten a un ajuste de cuentas similar.

En conclusión, esta es una realidad que nos espera ya casi a la vuelta de la esquina, pero como siempre los políticos no quieren ni mencionarla. Hay temas como el cambio climático, que no decimos que no sea un tema importante, que están recibiendo mucha más atención que una auténtica realidad como el envejecimiento de la población, cuyo impacto es mucho más próximo en el tiempo y mucho más cierto. ¿Qué debemos hacer para que los políticos le presten atención? Si no hacen nada, en poco tiempo no podrán hacer frente a las cuentas públicas, para ello solo nos hace falta mirar al agujero de las pensiones en España, que todos los años se paga vía presupuestos. ¿Cuánto tiempo más vamos a tardar en afrontar con seriedad este reto demográfico y sus consecuencias?

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