Con la subida de precios de la electricidad uno de los temas de conversación de moda con los cuñados es el de las placas solares, ¿todavía no las has instalado?
El debate está servido, pero ¿realmente compensa poner placas solares? ¿cuánto cuesta la instalación? ¿qué ahorro supone? ¿se amortiza rápidamente la inversión?
Una de las ventajas de vivir en España es que, en gran parte del territorio, el número de horas de sol es realmente elevado. Y ese es el primer requisito a la hora de decidirnos por la instalación de paneles solares, porque, por si alguien tiene dudas, las placas generan electricidad cuando el sol incide directamente sobre ellas. En días nublados la producción energética puede caer al 10-20%, siendo prácticamente nula en jornadas lluviosas, y el cero absoluto durante la noche. Por tanto, cuantos más días soleados, mejor. Cabe destacar, en cualquier caso, que el país europeo con mayor número de instalaciones fotovoltaicas en hogares es Alemania, y si allí es rentable ponerlas (y los alemanes son muy buenos haciendo números) os podéis imaginar que en España debería salir mucho mejor.
Por tanto, el primer requisito, el sol, está cumplido. Pero ¿cuánto cuesta la instalación y cuánto ahorro voy a obtener en la factura de electricidad? Vamos por partes.
El coste de las placas dependerá de la potencia que necesitemos instalar. Como referencia digamos que, en la actualidad, una instalación de 3kw (kilowatios) puede estar en torno a los 5.000 euros con toda la instalación completa.
En primer lugar tendremos que determinar cuál es la potencia óptima que deberíamos instalar, y aquí depende del tipo de consumo que hagamos en nuestro hogar. Podemos tender a pensar que cuantas más placas pongamos mejor, que cuanta más electricidad generemos mejor. Pero esto no es realmente así. Primero porque las placas no son baratas y segundo porque la electricidad que generamos y no consumimos al momento, se devuelve a la red a un precio muy inferior. Por lo tanto, hay que buscar un equilibrio entre lo que generan las placas y lo que consumimos. Aquí está la clave de la eficiencia de la instalación.
Si decidimos poner una instalación grande, de 7kw de potencia (con un coste alrededor de 10.000 euros), y durante las horas de sol no estamos consumiendo en nuestra casa prácticamente nada, entonces volcaremos toda esa electricidad a la red. La compañía comercializadora que gestiona nuestro suministro nos pagará algo por esa electricidad que devolvemos al sistema, pero el precio puede ser hasta tres veces menos de lo que nos cobra por la que consumimos de la red. Es decir, si ponemos unos números realistas, podemos estar pagando 0,20 eur por kwh consumido mientras que nos van a pagar 0,06 eur por kwh devuelto a la red. Si ponemos placas para volcar la electricidad a la red, con esos precios tardaremos muchos años en amortizar la instalación. De hecho esta diferencia genera grandes beneficios para las empresas comercializadoras ya que las placas solares que tenemos en nuestro hogar producen electricidad durante el día, que es cuando mayor es la demanda y más caro es su precio. Además esa energía es renovable y se puede cobrar a un precio superior, por lo que las compañías van a preferir que instalemos muchos paneles para producir electricidad que no podemos consumir y tenemos que devolver a la red, momento en que la compañía va a aprovechar para venderla a un precio muy superior al que nos paga por ella. El aumento de la competencia entre las compañías comercializadoras está provocando que cada vez paguen más por la energía devuelta a la red y ahora se pueden encontrar algunas ofertas mucho más razonables.
En cualquier caso, lo más eficiente es consumir la electricidad según la estamos generando. Esta es la clave de la eficiencia. Si conseguimos hacer casi todo nuestro gasto durante las horas de sol con la energía generada por las placas, nuestro ahorro será máximo. Sin embargo, esto no es fácil. Hay tareas que no se pueden realizar durante el día. Por ejemplo, por la noche tendremos que encender las luces de casa, cocinar la cena (que puede implicar encender la vitrocerámica, el horno o el microondas), enchufar el secador o simplemente encender el televisor. Estos gastos se van a realizar cuando las placas no generen electricidad y por tanto vamos a demandar consumo de la red.
Pero sí podemos conseguir un ahorro considerable modificando algunos hábitos de consumo. Si ponemos la lavadora, el friegaplatos, pasamos el aspirador o cocinamos durante las horas de sol, conseguiremos que todo ese gasto nos salga gratis, porque estaremos utilizando la electricidad que generan las placas. Es importante destacar que no podemos conectar todo a la vez, porque las placas tienen un límite de producción y si lo excedemos estaremos consumiendo ese exceso directamente de la red (y pagando por ello). Es decir, tendremos que conectar cada aparato de uno en uno. Cuando acabe la lavadora pasaremos el aspirador y después encenderemos el horno, para que cuando termine, conectemos el friegaplatos. Todo de uno en uno. Y algunos pensarán, ¿cómo voy a hacer todo eso si me paso el día fuera de casa y no vuelvo hasta la noche? Pues aquí la alternativa puede ser programar el encendido de lavadora y friegaplatos con un temporizador (para que se enciendan durante el día) o colocar una batería que se cargue con la energía de las placas para luego usarla cuando regresemos a casa. Este último caso conlleva un coste adicional que habrá que añadir a la instalación.
Finalmente llegamos a la pregunta del millón ¿cuánto vamos a ahorrar en la factura? Pues en base a mi propia experiencia de varios años utilizando placas solares, el consumo de electricidad se ha reducido más de la mitad. La rebaja puede llegar a los dos tercios si somos rigurosos intentando consumir mientras las placas producen. Por lo que el ahorro en la factura es muy considerable.
Si tenemos en cuenta el coste de la instalación frente al ahorro en la factura, podemos estimar el plazo en el que se amortiza la inversión. Sin tener en cuenta subvenciones, ese plazo debería ser inferior a ocho años. Hay que tener en cuenta que la mayoría de los fabricantes de placas ofrecen una garantía de al menos doce años, con una vida útil en condiciones óptimas superior a los quince años. Por lo que los números salen. Si además añadimos las subvenciones en la instalación o el descuento en el IBI que ofrecen algunos ayuntamientos (que puede llegar al 50% de bonificación durante 5 años) podemos fácilmente rebajar el plazo de amortización de la instalación a cuatro años. Esto puede que sorprenda a algunos lectores que tal vez tuvieran una percepción distinta. Hay personas que no se plantean colocar placas solares porque creen que hacen falta 20 años para amortizar la instalación y en ese tiempo puede que hayas vendido la casa o te hayas tenido que mudar a otro sitio. Pero la realidad es que el plazo de amortización puede ser muy corto, haciendo factible la inversión en la mayoría de circunstancias.
La última consideración, y no por ello la menos relevante, sería la medioambiental. El hecho de consumir electricidad en nuestras casas con la energía que obtenemos del sol, considerando la reducción de emisiones y la contribución a mejorar las condiciones ambientales de nuestro entorno, supone una motivación adicional.
Como conclusión, la instalación de placas solares es rentable económicamente y será más eficiente cuanto mejor adaptemos nuestros hábitos de consumo para hacerlos coincidir con los momentos en los que el sol incide sobre los paneles.
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