Desde Barua queremos llamar vuestra atención sobre este estudio elaborado por la conocida empresa de consultoría McKinsey al respecto de “La Salud Espiritual y su impacto en nuestra Salud General”.
Nos ha parecido muy conveniente elaborar el siguiente artículo por numerosas razones:
- Se trata de una encuesta realizada por una empresa consultora y no una organización religiosa o una institución gubernamental
- No somos muy fans de las empresas consultoras (lógicamente suelen tratar de “vender algo” con sus informes) pero creemos que en este caso aporta objetividad, rigurosidad e independencia
- Nos llama la atención que la principal empresa consultora del mundo, McKinsey, dedique recursos a realizar una encuesta tan completa, lo cual entendemos como un signo de la importancia que tiene la salud espiritual
- La encuesta se ha realizado a 41.000 personas en 26 países: es difícil encontrar un estudio sobre este tema, de semejante profundidad
- La encuesta es aconfesional, trata el tema de las creencias religiosas y su impacto en nuestra salud, sin entrar en una religión u otra
- Pone de manifiesto como la salud personal es la suma de la salud física, la salud mental, la salud social y la salud espiritual y que todas ellas están íntimamente relacionadas
- Destaca la importancia que la inmensa mayoría de los encuestados atribuyen a la salud espiritual en sus vidas
- Los más jóvenes son los que menor inquietud muestran en el terreno espiritual y los que menos significado encuentran en sus vidas
- Los países más ricos dan menor importancia al plano espiritual que los demás países
Como sabéis en Barua creemos que las personas deben cuidar todas sus dimensiones para sentirse bien, crecer y ayudar a los demás para juntos hacer de este planeta un mundo mejor. Para nosotros, la vertiente espiritual es crucial para desarrollarnos como personas y parece que no somos los únicos.
Sin más, os dejamos con el artículo íntegro de McKinsey:
La encuesta global del McKinsey Health Institute a 41.000 personas revela que la salud espiritual es importante para muchas personas, independientemente de la edad, el país o las creencias religiosas.
De un vistazo
- La salud espiritual abarca estos tres conceptos: tener significado en la vida, un sentido de conexión con algo más grande que uno mismo y un sentido de propósito. Encontrar este significado se asocia con una sólida salud mental, social y física.
- Si bien la evaluación de la salud espiritual varía ampliamente entre edades y lugares, la Encuesta Global del McKinsey Health Institute en 26 países, encontró que en todas las generaciones, la gran mayoría de los encuestados dijeron que la salud espiritual es importante para ellos.
- Los diferentes agentes sociales, públicos y privados pueden explorar formas de ayudar a las personas a encontrar un propósito y un espacio para reflexionar sobre sus vidas. Esto incluye a las que buscan ayudar a las personas a encontrar significado en su trabajo.
En la visión del McKinsey Health Institute (MHI) de una comprensión moderna de la salud, la salud espiritual no es algo “nice to have”, sino una dimensión central, junto con la salud física, mental y social.
Pero la salud espiritual puede ser difícil de definir. Para muchos, evoca una variedad de sentimientos. Hay quienes lo ven como inseparable de la religión, así como quienes lo asocian con seguir una brújula moral interna o encontrar la paz y la calma a través de la meditación. Si bien esos sentimientos pueden solaparse, el concepto de salud espiritual del MHI no está necesariamente ligado a creencias religiosas sino más bien al significado de la vida de uno, a un amplio sentido de conexión con algo más grande que uno mismo y a un fuerte sentido de propósito. Estos se pueden encontrar dentro de una comunidad, una llamada, una forma de divinidad, la capacidad de sentirse arraigado y consciente en el momento presente, o todo lo anterior. Y aquellos que son capaces de desarrollar su salud espiritual a menudo ven solapamientos positivos con las otras dimensiones de la salud.
1. Metodología
Sin embargo, existen diferencias entre generaciones en cuanto a cómo entienden la salud espiritual. La reciente Encuesta Global de MHI, una encuesta intergeneracional que abarca una amplia muestra de miembros de la Generación Z junto a todas las demás generaciones, con fines comparativos, destaca la complejidad de cómo se percibe y practica la salud espiritual en todo el mundo y la forma en que la salud espiritual afecta al bienestar general.
Entre 41.000 encuestados pertenecientes a todas las generaciones en 26 países, la gran mayoría dijo que la salud espiritual es desde “algo” hasta “extremadamente importante” para ellos. Este hallazgo es similar a los de encuestas anteriores de MHI .
Esta encuesta también destaca las diferentes perspectivas globales sobre la importancia de la salud espiritual. Más del 80 por ciento de los encuestados en Brasil, Indonesia, Nigeria y Vietnam dijeron que la salud espiritual era muy o extremadamente importante, por ejemplo, en comparación con menos del 45 por ciento de los encuestados en Irlanda, los Países Bajos y Suecia.
Comprender cuánto varía la salud espiritual en cuanto a nivel de importancia podría crear una mejor comprensión en un mundo globalizado, incluso para quienes trabajan en el sector social, público o privado.
Esta también es un área con potencial para más investigación: un análisis de MHI encontró que alrededor del 75 por ciento de los estudios relacionados con la salud miden principalmente la salud física, mientras que solo el 12 por ciento mide la salud mental, el 6 por ciento la salud social y el 1 por ciento la salud espiritual.
MHI ha realizado múltiples encuestas globales para comprender cómo perciben las personas las cuatro dimensiones de la salud y qué brechas existen. En una encuesta reciente de MHI a empleados , por ejemplo, más de la mitad de los encuestados en 30 países informaron una salud, en el sentido más amplio del término, general positiva, pero los encuestados informaron la proporción más baja de puntuaciones positivas en lo que respecta a la salud espiritual.
Esto puede indicar que algunos empleados, independientemente del país, pueden tener dificultades para encontrar significado a sus vidas y a su trabajo, lo que, a su vez, podría afectar su salud física, mental y social.
2. Principales conclusiones para cada generación
A continuación presentamos las principales conclusiones que se derivan de lo que los encuestados de las diferentes generaciones dijeron sobre su salud espiritual en la Encuesta que estamos tratando. Además os ayudamos a tratar de comprender mejor las diferencias según la edad y el país, y cómo todos los elementos de los que hablamos tienen un papel importante para ayudar a las personas a tener una vida con propósito:
Comenzamos por comprender cómo la salud espiritual se relaciona con otras dimensiones:
MHI destaca a la Generación Z específicamente por los numerosos desafíos que enfrentan los jóvenes en la transición a la edad adulta y por cómo el conocimiento de aspectos de la salud puede conducir a una mayor resiliencia.
Si bien los miembros de la Generación Z que tienen buena salud espiritual parecen tener buenos resultados en todas las dimensiones, aquellos con mala salud espiritual pueden tener dificultades (Exhibit 1). Las personas que reportaron mala salud espiritual tenían hasta aproximadamente cuatro veces menos probabilidades de decir que tenían buena o muy buena salud mental que aquellos que reportaron una salud espiritual neutral o buena. Además, aquellos con mala salud espiritual tenían aproximadamente dos veces menos probabilidades de reportar una buena salud física o social.

Esta encuesta no es la única investigación que se realiza para descubrir cómo la salud espiritual puede solaparse con otras dimensiones. La salud espiritual se ha correlacionado con múltiples dimensiones de la calidad de vida en otros estudios y ha habido un debate cada vez mayor sobre el papel de la salud espiritual en la atención médica integral. Esto puede incluir el papel de las creencias espirituales en la salud mental, y algunos estudios encuentran que puntuaciones más altas de espiritualidad se correlacionan con menos síntomas depresivos o que la salud espiritual y el apoyo social percibido se asocian con menos ansiedad ante la muerte en las personas mayores.
Otros estudios han encontrado que la salud espiritual y física están fuertemente conectadas para algunos pacientes, y un estudio estadounidense de 2011 encontró que el 41 por ciento de los pacientes deseaban una conversación sobre inquietudes religiosas y/o espirituales mientras estaban hospitalizados.
También hay cierta evidencia de la conexión entre el bienestar espiritual, social y mental: un estudio de 2017 encontró que las personas mayores en Irán que tenían comportamientos espirituales y buena salud social tenían más probabilidades de tener capacidad de mantenerse independientes a edades más avanzadas.
En general, los encuestados de la Generación Z informaron problemas con la salud espiritual en un porcentaje mayor que los encuestados que no pertenecen a la Generación Z; aproximadamente tres veces más miembros de la Generación Z informaron mala salud espiritual que los baby boomers. Los miembros de la Generación Z con mala salud mental tenían tres veces más probabilidades de informar una falta de significado en sus vidas que aquellos con buena salud mental (Exhibit 2). Y aunque la Generación Z es la que más lucha con la salud espiritual, no es la única generación en la que la salud espiritual y la mental están conectadas: los encuestados que no pertenecen a la Generación Z y tienen mala salud mental tenían más de cuatro veces más probabilidades de informar una falta de significado en sus vidas, en comparación con aquellos con buena salud mental.

3. Principales conclusiones por áreas geográficas
Si bien los resultados de la encuesta en todos los países afirmaron que aquellos con menor salud espiritual tenían puntuaciones más bajas en salud mental, la percepción de esa conexión varía según el país. El ochenta y ocho por ciento de los encuestados en Indonesia, por ejemplo, dijo que una salud espiritual positiva ayudaba a su salud mental, mientras que sólo el 15 por ciento de los encuestados en Japón estuvo de acuerdo con ese sentimiento. Eso significa que puede ser más difícil en ciertos países defender que la inversión en una mejor salud espiritual puede mejorar la salud mental.
Al abarcar 26 países, esta Encuesta Global ofrece información sobre las distintas diferencias regionales en la forma en que las personas perciben la salud espiritual (Exhibit 3).Los encuestados en economías de ingresos más altos, por ejemplo, eran sustancialmente menos propensos que aquellos en economías de ingresos bajos o medianos a indicar que la salud espiritual era “extremadamente importante” para ellos (27% versus 43%).

Si bien la salud espiritual no se limita a la religión, estas complejas diferencias en todo el mundo a veces se correlacionan con la observancia religiosa. Menos de la mitad de los encuestados en Francia, Irlanda, los Países Bajos y Suecia, por ejemplo, dijeron que la salud espiritual era extremadamente o muy importante para ellos, en comparación con el 85 por ciento de los encuestados en Nigeria.
Es relevante recordar que muchos evalúan su salud espiritual fuera de la religión tradicional: en 21 de los 26 países encuestados, la mayoría de los encuestados en cada país dijeron que la salud espiritual es importante para ellos, mientras que muchos menos informaron practicar hábitos religiosos regularmente, como ir a un servicio religioso.
Una investigación reciente de Pew Research respalda esta idea de que existe un término medio entre la ausencia de creencias espirituales y la práctica religiosa o espiritual plena, al encontrar que casi un tercio de los encuestados estadounidenses dicen ser ateos (17 por ciento de dicho tercio), agnósticos (20 por ciento de dicho tercio ) o “nada en particular” (63 por ciento de dicho tercio). Casi la mitad de los “no religiosos” dijeron que sus razones se relacionan con que no les gustan las organizaciones religiosas, y un tercio dio una razón relacionada con experiencias negativas con aquellos que se describían a sí mismos como religiosos. Sin embargo, en este grupo, casi la mitad dijo que la espiritualidad es importante o que se consideraban espirituales.
Al explorar las diferencias en la importancia de la salud espiritual entre países o regiones y al comprender los diferentes sentimientos sobre la religión, las organizaciones y los individuos podrían tener una comprensión más profunda de cómo promover la salud integral.
Esto puede invitar a conversar en entornos sociales, públicos y privados sobre los factores que influyen en la salud espiritual. Por ejemplo, preguntarle a alguien: «¿De qué maneras encuentras un propósito en tu vida?» o «¿Cómo estás ayudando a otros a encontrar significado?» puede dar lugar a debates fructíferos.
4. La Generación Z es la que menos significado encuentra en sus vidas
Si bien encontrar caminos para lograr la salud espiritual individual es importante a través de generaciones, nuestros datos sugieren que esto es especialmente importante para la Generación Z (Exhibit 4). Cuando se encuestó, la Generación Z fue la menos propensa a respaldar declaraciones positivas sobre la salud espiritual: más de un tercio de los encuestados reportaron una falta de significado en sus vidas. Los miembros de la Generación Z también fueron los menos propensos a informar haber encontrado un sentido de propósito en su trabajo y tener creencias personales que les dieran la fuerza para enfrentar las dificultades. Una posible explicación es que las personas en esta fase de la vida aún pueden estar desarrollando activamente su sentido de propósito, lo que da credibilidad al apoyo a las generaciones más jóvenes en este importante elemento de su salud.

Trabajos anteriores de MHI han puesto de relieve los desafíos que enfrentan las generaciones más jóvenes a la hora de mantener su salud y cómo los empleadores pueden desempeñar un papel para mejorarla. Por ejemplo, las intervenciones en el lugar de trabajo que promueven conductas positivas y limitan las negativas pueden ayudar a crear climas organizacionales que promuevan la salud integral. En la búsqueda de significado, algunas personas pueden encontrar un sentido de propósito en sus trabajos. Otros, sin embargo, pueden sentir firmemente que el trabajo es una parte intelectual o necesaria de la vida, pero que su propósito principal proviene del voluntariado en sus comunidades, formar una familia, crear arte, participar en activismo o realizar otras acciones.
5. La salud espiritual también se puede mejorar en el trabajo
La salud espiritual puede ser profundamente personal, pero los hallazgos de MHI sugieren que el lugar de trabajo puede ser uno de los muchos lugares donde las personas experimentan un sentido de propósito y una salud espiritual positiva en general (Exhibit 5). Una persona puede encontrar su trabajo insatisfactorio, pero también podría ocurrir la otra cara de la misma moneda: las personas pueden encontrar una profunda satisfacción en el trabajo remunerado o no remunerado. Alrededor de dos tercios de los encuestados de la Generación Z, por ejemplo, dijeron que las consideraciones de salud espiritual, como un propósito organizacional inspirador y oportunidades de trabajo “pro bono” (voluntariado), eran “muy importantes” o “importantes” a la hora de seleccionar un empleador. El setenta por ciento de los millennials y el 66 por ciento de la generación X informaron lo mismo.

Sin embargo, tener un sentido de propósito en el trabajo no puede anular los elementos negativos, como el comportamiento tóxico y el agotamiento (burnout).
Además, es posible que las personas prefieran no buscar un propósito en el lugar de trabajo; en cambio, pueden recurrir a vías como el voluntariado, ayudar a familiares, participar en una comunidad religiosa o espiritual, o todo lo anterior. Aún así, reconocer el papel que puede desempeñar el lugar de trabajo en la promoción de la salud espiritual es un elemento de la salud integral de los empleados, y crear oportunidades con propósito en el lugar de trabajo puede ser esencial para el futuro del trabajo.
6. Conclusiones
La salud espiritual se puede enmarcar como parte del bienestar general de un individuo. Buscar un propósito y un significado, conectarse con lo que importa y actuar con una intención acorde puede ser un viaje que dura toda la vida, muy parecido a la necesidad de evaluar periódicamente la salud física, mental y social. “Algunos de nosotros estamos más predispuestos que otros a sentirnos conectados espiritualmente. . . . pero todos podemos cultivar esta capacidad natural y desarrollar nuestro músculo espiritual”, señala Lisa Miller , investigadora sobre salud espiritual y autora de The Awakened Brain: The New Science of Spirituality and Our Quest for an Inspired Life (Random House, agosto de 2021).
Al igual que la salud mental, si bien la salud espiritual es personal de cada individuo, las comunidades fuertes pueden ser esenciales para aumentar el bienestar espiritual de las personas en todo el mundo, junto con otras dimensiones de la salud.
Los agentes sociales, públicos y privados pueden explorar formas de ayudar a las personas a encontrar un propósito y un espacio para la autorreflexión con el fin de impulsar la salud integral. Estas formas pueden incluir garantizar que los residentes de la ciudad tengan acceso a espacios naturales o verdes que provoquen reflexión o explorar cómo los esfuerzos a nivel comunitario pueden mejorar el bienestar general de las personas. Otra consideración para los empleadores es cómo transmitir mejor a los empleados su aprecio por el trabajo basado en una misión o cómo los lugares de trabajo pueden fomentar una visión integral de la salud. Otras posibles acciones pueden incluir simplemente disminuir los estigmas para fomentar el poder hablar libremente sobre la salud espiritual.
Para aquellos que quieran cultivar la salud espiritual, el camino puede comenzar reconociendo su papel en el bienestar general. Iniciar una conversación sobre salud espiritual podría ser un primer paso importante para mejorar nuestra salud y la de los demás.
SOBRE LOS AUTORES
Erica Coe es socia de la oficina de McKinsey en Atlanta y colíder del McKinsey Health Institute (MHI); Kana Enomoto es socia de la oficina de Washington, DC y directora de salud cerebral de MHI; Jacqueline Brassey es colíder de salud de los empleados de MHI y miembro senior de la oficina de Luxemburgo; y Victoria Bennett es becaria de MHI en la oficina de Nueva York.
Los autores desean agradecer a Manish Chopra, Alexandru Degeratu, Ignacio Fantaguzzi, Kai Grunewald, Anna Hextall, Abhishek Mahajan, Yukiko Sakai y Claudia von Hammerstein por sus contribuciones a este artículo. También desean agradecer a Shri Murali Doraiswamy de la Universidad de Duke; el ex alumno de McKinsey Tom Latkovic de Backrs; Lisa Miller del Instituto de Espiritualidad, Mente y Cuerpo, Teachers College, Universidad de Columbia; Shekhar Saxena de la Escuela de Salud Pública TH Chan de Harvard; y Moitreyee Sinha de cityRISE por sus contribuciones a este artículo.
En este enlace podéis encontrar el artículo original íntegro
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