Gente con mucha vida

Gente con mucha vida

última actualización por Sodavoc hace 1 año, 4 meses
3 voz
3 respuestas
  • Autor
    Posts
    • #4499
      Miki
      Participante

      Hace unos días me encontré esta carta en Facebook, luego he visto que la ha copartida más gente en dcvarsas redes. Aquí la dejo por si os hace reflexionar como a mi:

      «Tengo 82 años, 4 hijos, 11 nietos, 2 bisnietos y una pequeña habitación de 3×3 en un asilo donde me dejaron.
      Ya no tengo mi hogar ni mis objetos queridos, pero hay quien me limpia el cuarto, me prepara la comida, me tiende la cama, me mide la presión y me pesa.

      Ya no escucho las risas de mis nietos ni los veo crecer, abrazarse o discutir; algunos me visitan cada 15 días; otros, cada tres o cuatro meses; y algunos, nunca…
      Ya no preparo croquetas, ni huevos rellenos, ni rollos de carne picada, ni tejo, ni hago crochet.
      Todavía paso el tiempo resolviendo sudoku que me distraen un poco.

      No sé cuánto tiempo me queda, pero tengo que adaptarme a esta soledad; asisto a terapia ocupacional y ayudo en lo que puedo a los que están peor que yo, aunque prefiero no acercarme demasiado. Desaparecen con frecuencia.
      Dicen que la vida es cada vez más larga.
      ¿Para qué?
      Cuando estoy solo, miro fotos de mi familia y algunos recuerdos del hogar que traje conmigo.
      Y eso es todo.

      Ojalá las próximas generaciones comprendan que la familia se construye pensando en el futuro (con los hijos) y en devolver a nuestros padres el tiempo que dedicaron a criarnos.»
      «Cuidar de quien nos cuidó, es el mayor de los honores.»

      Con cariño: Tu padre, tu abuelo, o tal vez tú mismo en algún futuro…

      Aquí lo vi

    • #4507
      Sodavoc
      Participante

      Miki, esa carta es profundamente emotiva y, como tú, me ha hecho reflexionar sobre lo que significa cuidar de nuestros mayores. Sin embargo, me parece que parte de la situación que describe no solo tiene que ver con la falta de voluntad, sino con algo que nos afecta a todos: la falta de tiempo.

      Hoy en día, las familias están sometidas a una presión constante. Ya no es común que solo uno de los padres trabaje; en muchos hogares, ambos deben hacerlo para poder mantener el nivel de vida, pagar las facturas y, en algunos casos, también hacerse cargo de los cuidados de los más pequeños. Y esa dinámica de estar ‘a la carrera’ todo el tiempo, sin poder frenar, termina dejando a los más mayores en un segundo plano, a pesar del cariño que les tenemos.

      Las residencias y asilos, en muchos casos, se convierten en la única opción viable. No porque se quiera olvidar a los abuelos y abuelas, sino porque cuidar de ellos y de ellas como se merecen mientras uno trata de equilibrar un trabajo de 40 horas, llevar a los niños al colegio y ocuparse de la casa, se vuelve una tarea titánica. Y eso sin mencionar que, a veces, la propia salud de l@s cuidador@s (l@s hij@s) también se ve afectada.

      El problema está en que, como sociedad, no hemos encontrado soluciones mejores. Los servicios de cuidado son caros y el tiempo parece estar en una carrera interminable. Quizás, además de reflexionar sobre el valor de cuidar de nuestros mayores, también deberíamos pensar en cómo podemos reorganizar nuestras vidas para no tener que elegir entre trabajar para mantener a nuestras familias o estar ahí para ellos en los últimos años de sus vidas.

    • #4516
      Jose
      Participante

      Querido Sodavoc, tu comentario me ha conmovido casi tanto como esas cartas que te reparten en las bodas para que llores un poquito antes de cortar la tarta. Pero, si me lo permites, hay una parte de tu análisis que se ha quedado, digamos, ‘a medio hacer’, como esos pasteles que salen del horno y, al primer bocado, descubres que están crudos por dentro.

      Dices que el problema es la falta de tiempo, que todos estamos en una carrera sin fin y que las residencias se convierten en la única opción viable. ¡Qué conmovedor! Casi parece que los hijos e hijas quisieran estar todo el día acariciando a los abuelos, pero el capitalismo feroz no les deja ni un minuto libre para hacerlo. Vaya, como si el problema fuera que todos nos hemos convertido en pobres esclavos del reloj y no en seres un pelín comodones que prefieren desentenderse. Porque claro, ir a ver a los abuelos interrumpe la última maratón de Netflix o esa escapadita de fin de semana para ‘desconectar’, ¿verdad?

      Y lo de las residencias… ay, Sodavoc, me pregunto cuántas veces nos hemos dicho: ‘qué lástima, no hay otra opción’, justo antes de reservar el mejor viaje a Cancún o de comprar el último gadget tecnológico de moda. No es que no tengamos tiempo, querido amigo, es que no tenemos ganas. Y mientras tanto, los abuelos, que tanto tiempo nos dedicaron, están ahí en su ‘pequeña habitación de 3×3’, resolviendo sudokus para no morir de tristeza, mientras nosotros nos ahogamos en nuestras agendas sociales y laborales, tan importantes.

      Quizás, Sodavoc, lo que necesitamos no es una reflexión sobre cómo el tiempo nos aprisiona, sino sobre cómo la falta de voluntad, o el ‘dejar para otro’, ha convertido el cuidado de nuestros mayores en una tarea secundaria. Porque eso sí, para decir ‘es que no tenemos otra opción’ siempre encontramos tiempo, ¿verdad?

      Ah, y por cierto, no puedo dejar de mencionar tu cuidadoso uso del lenguaje inclusivo —‘l@s cuidador@s’— ¡qué modernidad la tuya! Claro, nada como embellecer la conversación con un toque de inclusividad para darle más profundidad al asunto, ¿no? Porque parece que si no mencionamos a todo el espectro de ‘cuidador@s’, el problema no queda lo suficientemente claro.

      Dices que la falta de tiempo es el villano de esta historia, como si todos fuéramos pobres mártires, víctimas de un sistema despiadado que nos arrastra sin piedad. ¡Qué conmovedor! Nos queda imaginar a cada uno de esos ‘hij@s’ luchando contra el reloj, queriendo pasar cada minuto con sus ‘abuel@s’, pero atrapados en el engranaje cruel del capitalismo. Aunque claro, ese mismo reloj siempre parece tener unos minutos extras para maratones de Netflix o fines de semana en la playa. Qué ironía, ¿verdad?

      Y esas residencias, ‘la única opción viable’. ¡Ay, qué tristeza! Como si fuera un sacrificio inevitable. Pero, seamos honestos, no es tanto una cuestión de falta de tiempo como de prioridades. Siempre es más fácil dejar que otros hagan el trabajo mientras nos dedicamos a nuestras propias agendas tan ocupadas, porque, al final, siempre encontramos tiempo para lo que de verdad queremos. Quizás, querido Sodavoc, lo que realmente necesitamos es menos excusas de agenda apretada y más honestidad para admitir que preferimos dejar ‘lo de cuidar’ para después… siempre y cuando alguien más se ocupe.

    • #4520
      Sodavoc
      Participante

      José, veo que tienes una visión clara, aunque bastante simplificada, de la situación. O sea, ¿todo se reduce a ‘falta de ganas’ y a maratones de Netflix?

      No todos los que tienen a sus mayores en una residencia lo hacen por comodidad o egoísmo, sino porque, entre el trabajo, los hijos e hijas y demás obligaciones, no tienen otra opción viable. Es muy fácil criticar desde fuera.

      Estoy de acuerdo en que algunos priorizan mal, pero reducir el problema a una simple falta de voluntad ignora lo complejo que es compaginar todas las responsabilidades. Ojalá fuera tan simple como ‘querer es poder’, pero vivimos en un sistema que no facilita cuidar de todos como nos gustaría.

      Y respecto al lenguaje inclusivo, es una cuestión de preferencia, no de ‘modernidad’. Puede que a ti no te guste, pero es mi forma de expresar respeto hacia todos (y todas). Así de sencillo.

Usted debe estar logeado para responder a este tema.

Back to Top
Ir a la barra de herramientas