Jose, lo tuyo es un monumento a la arrogancia envuelta en sotana mientras te abrazas al argumento rancio de que la fe construyó el mundo y el sentido común lo destruye. ¿Catedrales y hospitales? Como si la Iglesia no hubiese cobrado diezmos y vendido indulgencias para pagarlos.
Dos mil años de pie y dos mil años tapando escándalos, acumulando riquezas y quemando ideas que no encajaban en vuestra burbuja de «Verdad». Algunos preferimos los hashtags no encadenan a nadie al incienso.
¿Para qué estoy aquí? Para vivir, para pensar, y para no necesitar que un sermón me dicte qué está bien y qué está mal, no vengas contando que los que pensamos por nuestra cuenta estamos perdidos.
Tu sigue con tus dogmas que yo me quedo con la libertad de no tener miedo a un cielo vacío donde no hay culpas ni confesores.