¡Querido JsMl!
Ah, qué placer leerte. Vienes con ganas de debatir y afilar el colmillo, pero no te preocupes, aquí estoy yo para ponerle un poco de sal y pimienta al asunto.
Dices que lo de «Begoña, Koldo y el hermano» son anécdotas. ¡Claro, anécdotas, pero de las que harían palidecer al mismísimo Berlanga! Vamos, que cualquier humorista de buena pluma pagaría por meterlas en su monólogo. Porque hay algo profundamente español en hablar de enchufes en Navidad. Es un tema tan recurrente como el turrón, aunque ahora hemos sofisticado el guion: ya no recurrimos a Franco para justificarlo todo, sino a Bárcenas. Un avance, sin duda, que nos demuestra que al menos vamos actualizando las excusas históricas.
Ahora, hablando de guiones: ¡qué maravilla lo de Álvaro García Ortiz, nuestro flamante Fiscal General del Estado! Una trama digna de un thriller judicial. Mientras le registraban el despacho, borraba datos de su móvil como quien se apresura a cerrar pestañas incómodas del navegador cuando alguien pasa por detrás. Si eso no es tener reflejos, yo no sé qué es. Y luego dicen que aquí falta regeneración. ¡Si tenemos funcionarios públicos que podrían trabajar en el CSI!
Pero tú, amigo JsMl, vienes a recordarnos que el espectáculo no es cosa de un solo hombre ni de un solo partido. Claro, claro. Permíteme dártelo, pero con el envoltorio que se merece: en este circo político, todos se reparten las funciones. Unos venden las palomitas, otros montan el trapecio, y luego está Sánchez, que además de hacer de payaso principal, también quiere llevar la taquilla.
¿Que si hay esperanza? ¡Por supuesto que no! La esperanza es como el WiFi en el AVE: todos la prometen, pero nunca funciona. Lo único seguro es que seguiremos viendo nuevas entregas de esta tragicomedia nacional. Así que no me queda otra que disfrutar del espectáculo. ¿Tú qué harás?
Jose, el que nunca deja de aplaudir los números más surrealistas del circo político español.