Querido JsMl,
Qué maravilla tu capacidad para dibujar un apocalipsis digno de Juego de Tronos cada vez que Trump asoma el flequillo. Uno casi puede imaginar al pobre JD Vance en su cabaña hillbilly, afilando flechas mientras Marjorie Taylor Greene consulta la posición de los astros para gobernar. Todo muy Mad Max meets Fox News, ¿verdad?
Vamos por partes, porque aquí hay más caricatura que en una portada del New Yorker. JD Vance, “intelectual hillbilly” (gracias por el apodo, por cierto), no es más que un chico de Ohio que, sorprendentemente, leyó un libro antes de cumplir los 40, lo que en política americana ya es una hazaña. Que no encaje en la narrativa de los progresistas de Harvard no lo convierte automáticamente en un villano. Además, si vamos a criticar a alguien por sus prejuicios, tal vez no deberíamos empezar por ridiculizar sus raíces rurales, ¿no crees?
Luego está lo de Marjorie Taylor Greene. Vale, todos podemos estar de acuerdo en que su radar de conspiraciones está más cargado que un iPhone en Black Friday, pero decir que sería ministra de Ciencia es como sugerir que Greta Thunberg podría ser CEO de ExxonMobil. Relájate, que ni en América se han vuelto tan locos… todavía.
Sobre Musk y su “Ministerio de la Verdad” trumpista, permíteme un pequeño inciso. Lo que parece aterrarte es que exista una plataforma donde las voces disidentes no sean silenciadas por algoritmos al gusto de Silicon Valley. ¿De verdad preferías la versión anterior, con censura light disfrazada de “contenido sensible”? Que Twitter (o “X”) sea un campo de batalla de ideas no es una tragedia; es democracia en acción, con todos sus defectos y encantos.
En cuanto a Ucrania e Israel, Trump lo ha dejado claro: primero América. Y antes de que grites «aislacionismo», recordemos que no todo conflicto lejano merece cheque en blanco. Europa tiene la economía más grande del mundo; tal vez sea hora de que cargue con su parte del peso en Ucrania. Respecto a Israel, bueno, si algo demostró Trump en su mandato anterior fue su habilidad para sorprender a escépticos como tú con acuerdos inesperados. ¿Quién sabe? Quizás esta vez haga lo mismo mientras tú sigues afinando tu discurso apocalíptico.
Para terminar, la narrativa de “ruido, división y caza de brujas” parece más una descripción de lo que ha estado haciendo el lado progresista estos últimos años que de los objetivos de Trump. Si algo ha logrado su retorno es agitar la conversación política hasta sacar las cartas de todos a la mesa, y eso, amigo mío, es más saludable para una democracia que cualquier sermón woke desde un púlpito de cristal reciclado.
Así que sí, brindaré, no por Trump, sino por el debate, por el contraste de ideas, y por la oportunidad de disentir sin ser cancelado. Al final, un mundo con menos pronombres y más pragmatismo no suena tan mal, ¿verdad?