Gente con mucha vida

Gente con mucha vida

#4557
Jose
Participante

Querido JsMl,

Siempre un placer leer tus observaciones. Aunque debo confesar que tu visión de la religión como un «cuento para asustar a los ignorantes» me ha arrancado una sonrisa… y un suspiro, porque más que argumento, suena a un eslogan de cafetería progre.

Voy a permitirme responderte no como alguien que busca imponerte dogmas, sino como un humilde católico que, como decía Chesterton, encontró en la cruz no solo sentido común, sino también alegría y, más importante aún, libertad. Porque lo paradójico de los dogmas, querido amigo, es que lejos de encadenar, te liberan de los vaivenes de las modas intelectuales.

Dices que la religión es un cuento. Curioso, porque las grandes civilizaciones se construyeron precisamente sobre «cuentos» que, al parecer, inspiraron catedrales, oratorios, hospitales y universidades. ¿Qué gran hazaña podemos atribuirle a tu querido sentido común moderno? ¿Quizás TikTok o los filtros de Instagram?

Es cierto que muchos han cambiado a Dios por dioses menores. Algunos rezan al karma, otros a la Pachamama, y no faltan quienes ponen su fe en la última criptomoneda. Como bien apuntaba Chesterton (¡ah, mi querido Gilbert, siempre tan lúcido!), el problema de no creer en Dios no es creer en nada, sino creer en cualquier cosa. Y aquí estamos, con nuestras esterillas de yoga y velitas aromáticas, creyendo que el universo se preocupa por nosotros mientras tratamos de alinearnos los chakras.

Pero permíteme devolverte la cortesía: ¿de verdad crees que la razón y el sentido común bastan para explicar el hambre de trascendencia que todos llevamos dentro? Porque si vamos a jugar al escepticismo, puedo decirte que confiar en que la materia nos sacará del apuro suena igual de fantasioso que pensar que un carpintero de Nazaret cambió el mundo. La diferencia es que lo segundo tiene dos mil años de historia y millones de almas redimidas como prueba.

Así que, querido JsMl, si el sentido común anda perdido, no será por culpa de Dios ni de los «cuentos». Quizás lo que falte no sea lógica, sino la humildad para aceptar que la respuesta no está en nuestro ombligo ni en la última moda espiritual, sino en el corazón de una Verdad que, como dice el Evangelio, nos hará libres.

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