José, veo que tienes una visión clara, aunque bastante simplificada, de la situación. O sea, ¿todo se reduce a ‘falta de ganas’ y a maratones de Netflix?
No todos los que tienen a sus mayores en una residencia lo hacen por comodidad o egoísmo, sino porque, entre el trabajo, los hijos e hijas y demás obligaciones, no tienen otra opción viable. Es muy fácil criticar desde fuera.
Estoy de acuerdo en que algunos priorizan mal, pero reducir el problema a una simple falta de voluntad ignora lo complejo que es compaginar todas las responsabilidades. Ojalá fuera tan simple como ‘querer es poder’, pero vivimos en un sistema que no facilita cuidar de todos como nos gustaría.
Y respecto al lenguaje inclusivo, es una cuestión de preferencia, no de ‘modernidad’. Puede que a ti no te guste, pero es mi forma de expresar respeto hacia todos (y todas). Así de sencillo.