José, aunque coincido en parte con tu preocupación sobre la desconexión de las élites políticas y su tendencia a enfocarse en lo ‘moderno’ y ‘tecnológico’, hay un punto en el que no puedo estar de acuerdo: la dirección en la que Europa, y el mundo en general, deben moverse si queremos tener un futuro habitable.
Es cierto que muchas de estas propuestas, como la digitalización y la descarbonización, pueden parecer desconectadas de los problemas más inmediatos del sector primario. Y no niego que la agricultura y la ganadería son fundamentales para nuestra supervivencia, pero también son sectores que, queramos o no, van a tener que adaptarse si queremos frenar las consecuencias del cambio climático. Hablar de energías renovables y reducción de emisiones no es solo ‘glamour’ político, es una necesidad si queremos dejarle un planeta habitable a las próximas generaciones.
No podemos ignorar que el cambio climático está afectando ya a los agricultores, a los ganaderos, a los pescadores, y a todos los que dependen de un ecosistema estable. Sequías, inundaciones, olas de calor… todo esto ya está teniendo un impacto directo en el sector primario. Así que, aunque pueda sonar a futuro lejano, la transición hacia una economía verde no es un capricho, es una inversión a largo plazo que tenemos que hacer, aunque implique sacrificios en el corto plazo.
Entiendo que no es fácil, que parece que Bruselas a veces se olvida de los problemas reales en su afán por hablar de lo último en tecnología, pero si esas políticas apuntan a salvar el planeta, incluso si no son perfectas, van en la buena dirección. Porque, al final, no se trata solo de la agricultura o la ganadería, se trata de asegurar que haya un futuro en el que puedan seguir existiendo.