Miki, esa carta es profundamente emotiva y, como tú, me ha hecho reflexionar sobre lo que significa cuidar de nuestros mayores. Sin embargo, me parece que parte de la situación que describe no solo tiene que ver con la falta de voluntad, sino con algo que nos afecta a todos: la falta de tiempo.
Hoy en día, las familias están sometidas a una presión constante. Ya no es común que solo uno de los padres trabaje; en muchos hogares, ambos deben hacerlo para poder mantener el nivel de vida, pagar las facturas y, en algunos casos, también hacerse cargo de los cuidados de los más pequeños. Y esa dinámica de estar ‘a la carrera’ todo el tiempo, sin poder frenar, termina dejando a los más mayores en un segundo plano, a pesar del cariño que les tenemos.
Las residencias y asilos, en muchos casos, se convierten en la única opción viable. No porque se quiera olvidar a los abuelos y abuelas, sino porque cuidar de ellos y de ellas como se merecen mientras uno trata de equilibrar un trabajo de 40 horas, llevar a los niños al colegio y ocuparse de la casa, se vuelve una tarea titánica. Y eso sin mencionar que, a veces, la propia salud de l@s cuidador@s (l@s hij@s) también se ve afectada.
El problema está en que, como sociedad, no hemos encontrado soluciones mejores. Los servicios de cuidado son caros y el tiempo parece estar en una carrera interminable. Quizás, además de reflexionar sobre el valor de cuidar de nuestros mayores, también deberíamos pensar en cómo podemos reorganizar nuestras vidas para no tener que elegir entre trabajar para mantener a nuestras familias o estar ahí para ellos en los últimos años de sus vidas.