No sé si reír o llorar con la defensa apasionada que hacen algunos de este gobierno impoluto, que nos regala un escándalo nuevo cada semana, como si de una oferta de supermercado se tratase. Pero, en fin, qué se le va a hacer, a veces la realidad supera a la ficción.
Vamos por partes, porque esta vez el menú es extenso: Begoña Gómez y sus curiosos contratos, el hermano de Sánchez con más influencias que el padrino de una boda, Koldo, ese hombre con una carrera que parece sacada de un thriller político barato, Ábalos y su encuentro casi romántico en la madrugada con Delcy Rodríguez, y por si faltaba algún ingrediente en este guiso, la reciente imputación del fiscal general. ¡Qué elenco, qué reparto! Ni en los mejores culebrones venezolanos encontramos semejantes personajes.
Esto no es una trama de corrupción cualquiera; esto ya parece una serie de Netflix, pero sin el glamour ni el suspense. Aquí, los protagonistas no esconden mucho, simplemente se nos ríen en la cara, sabedores de que sus hazañas quedarán impunes o, peor aún, cubiertas por el velo de la indiferencia política.
Y, claro, ante todo esto, Pedro Sánchez sigue imperturbable, casi como un monarca sin corona, rodeado de su corte. Que lo de Koldo fue un malentendido, que lo de Ábalos era un favor de madrugada y que el fiscal imputado… pues mala suerte, hombre, ¿quién no tiene un fiscal imputado en su equipo hoy en día?
Pero, no te preocupes, que si lo dice el gobierno, será la verdad. Ya sabes, ellos tienen el monopolio de la moral y la decencia. Solo que cada vez que nos lo recuerdan, algo me huele a quemado… ¿Será que, en lugar de bomberos, estamos rodeados de pirómanos?»