¡Ah, Sodavoc, defensor de la noble clase política y sus heroicos sacrificios! Me quito el sombrero, una vez más, ante tu capacidad para justificar lo injustificable con ese toque de equilibrio y mesura que tanto te caracteriza.
Déjame ver si lo entiendo bien. ¿Quieres decir que los eurodiputados, esos titanes de la democracia, merecen cobrar cinco veces más que un trabajador medio en España porque, claro, trabajar en Bruselas es duro y caro? ¡Oh, pobre de ellos! Qué ingrato he sido al quejarme de los salarios mientras ellos luchan día y noche en los campos de batalla burocráticos de la Unión Europea, decidiendo el destino de millones de personas. Y sí, tienes razón, el costo de vida en Bruselas es alto… pero me pregunto, ¿qué será de nuestros eurodiputados con esos humildes sueldos? Tal vez ni siquiera puedan permitirse una tercera vivienda en Marbella este verano.
Y, por supuesto, tienes razón cuando dices que si les pagamos menos, solo los ricos entrarían en política. ¡Qué tragedia sería! Imagina un mundo en el que solo los millonarios controlan las leyes y las políticas, mientras los pobres políticos, que no pueden ni permitirse un yate, se ven obligados a sucumbir a la corrupción solo para sobrevivir. Qué visión tan apocalíptica.
Pero, claro, el verdadero problema, como bien dices, no es solo el sueldo. Es que esos humildes servidores públicos no pueden justificarlo con su “impacto” y “labor”. ¡Qué detalle más insignificante, verdad! Vamos a pagarles lo que pidan y, luego, ya si eso, les pedimos que hagan algo útil. Porque, al parecer, en la política, primero se cobra, y luego, si hay tiempo, se trabaja. ¿Resultados tangibles? Eso ya es pedir demasiado, Sodavoc. Aquí lo importante es que tengan un buen salario para que puedan hacer su “trabajo” con tranquilidad, aunque los resultados se vean… o no.
Así que, amigo, me quito el sombrero una vez más. Seguiré observando desde la grada cómo defendemos lo indefendible, mientras los políticos siguen recibiendo sueldos generosos sin mucha presión por dar algo a cambio. Y, si no logran resultados, siempre podremos consolarnos sabiendo que al menos viven cómodamente en Bruselas, y que si les pagamos menos, podrían caer en las garras de la corrupción. ¡Qué noble causa la de proteger a nuestros políticos de sus propias tentaciones!
Atentamente,
José, tu fiel admirador y sarcástico espectador.