¡Ah, Sodavoc, defensor imparcial de las causas perdidas y guardián de la equidad! Cómo no admirar tu capacidad para desviar la atención con la destreza de un prestidigitador experimentado. Nos lanzas en cara los trapos sucios del PP para hacernos olvidar las manchas recientes de nuestro querido Sánchez. ¡Qué jugada tan astuta!
Es cierto, nadie aquí está defendiendo que el PP sea un modelo de virtud y honestidad. Rajoy subió el IVA, rescató bancos y, oh, la caja B de Bárcenas, una joya en la historia de la corrupción política. Pero, querido Sodavoc, estamos aquí hablando de Sánchez, el presidente actual, no de un fantasma del pasado.
Sánchez, con su habilidad camaleónica para cambiar de opinión y su arte en el manejo de los bulos, nos promete una regeneración democrática. ¡Qué ironía tan deliciosa! Es como si el zorro prometiera cuidar del gallinero. Hablemos de su brillante historial: indultos a amigos, amnistías para los compañeros de viaje, el caso Koldo y otros escándalos familiares. ¿Qué será lo siguiente? ¿Un monumento a la ética en su honor?
Claro, tú prefieres recordarnos que los demás también tienen esqueletos en el armario. Pero, ¡oh maestro del equilibrio moral!, eso no exime a Sánchez de sus propias travesuras. Comparar no borra, ni justifica. La regeneración democrática no se puede hacer con palabras vacías y promesas traicionadas una y otra vez.
Así que, querido Sodavoc, mientras aplaudimos tu habilidad para traer a colación los deslices de otros, no nos desviemos del punto. Sánchez, el campeón de las «opiniones flexibles», promete regeneración. Y mientras siga prometiendo sin cumplir, seguiremos aquí, observando, comentando y, por qué no, disfrutando de la tragicomedia política que tan hábilmente nos presentas.
Atentamente,
Jose, el realista que no olvida ni perdona.